Como país llevamos ya un buen tiempo hablando de democracia. Que si ya la alcanzamos; que si estamos en transición democrática; que nos faltan muchas décadas para ser una democracia, y un largo etcétera.

 

Y esto es porque nada en nuestro mundo es perfecto ni libre de defectos. Ningún sistema político, ningún régimen económico, puede decir que es tan perfecto que no tiene errores. Es cierto que hay sistemas políticos y económicos que son claramente superiores a otros, pero ninguno de ellos puede reclamar la perfección.

 

Si seleccionamos al mejor de los sistemas políticos haremos muy mal si decidimos ignorar sus riesgos y defectos. La democracia no es la excepción. El creer que una vez establecida la democracia garantizará una vida mejor para todos suena a exageración.

 

La decepción inevitable que sigue es obvia y entonces ese desencanto producirá deseos de abandonarla y moverse a un régimen de manos libre, que no es tan bueno como la democracia.

 

Un defecto más, es el olvido del fondo de la democracia, del valor en el que se sustenta. Creyendo que es perfecto en sí mismo, se ignora el elemento que la sostiene, que es la libertad, llegando a creerse posible que la democracia podrá existir sin libertad.

 

La democracia tiende a ser definida de muy diversas maneras, a gusto del que hable de ella. Por ejemplo, en México, se redujo a la creencia de tener elecciones en las que el voto sea respetado. Eso fue todo y se olvidó la esencia de la libertad junto con las nociones. El resultado es el régimen existente ahora, una lucha de poderes y de intereses personalísimos.

 

Y si añadimos que la democracia se ve reducida solo a emitir votos por parte de ciudadanos. El ciudadano recibió un derecho que es respetado, pero no se comprende la obligación que su derecho le impone: elegir a los mejores candidatos para gobernar, no a los candidatos que más prometen dar.

 

Es decir, la democracia tiene el riesgo de ser convertida en un sistema político de concurso de dádivas a la población: becas, ayudas, subsidios, tratos preferentes. Esto tiene una consecuencia grande, pues hará que los gobiernos crezcan en poder y manejo de recursos, lo que va en contra de la mentalidad democrática que quiere gobiernos limitados.

 

Con su énfasis en la libertad humana, la democracia es realmente un cambio de forma de pensar, una modificación en la cultura del país que la implanta. Será difícil que la democracia dé buenos frutos en donde las personas mantengan ideas antiguas.

 

Un caso es muy claro en México, el del mantenimiento de la idea del presidente que todo lo puede. Creyendo que es una herramienta que por arte de magia todo lo hará mejor, inevitablemente producirá desencanto. Todo por no entender que lo que hay que cuidar no es la democracia en sí misma, sino la libertad humana. Porque sin libertad no hay democracia.

 

Si esto no es entendido, la democracia logrará lo opuesto de lo que se propone, es decir, crecerá sin medida el poder de un gobierno y se perderán las libertades.

 

Sí, es un problema serio, cuyo fondo está en esa confusión, la de creer que al ser democrático un país ya tiene todo resuelto. No, de hecho es cuando empiezan los retos y los problemas para los ciudadanos. Pueden ellos vivir en una dictadura con tan sólo obedecer a sus amos, pero en una democracia tendrán los ciudadanos que valerse por sí mismos.

 

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