México y Estados Unidos tienen más coincidencias que diferencias. Solo un ejemplo, en lo económico son socios comerciales. Si la economía del país del norte entra en crisis, como la inmobiliaria de 2008, la nuestra sufre las consecuencias.

 

Desde 2017 los norteamericanos han padecido la presidencia de Donald Trump. Un personaje que a lo largo de su campaña se dedicó a propagar el discurso de odio y de división entre los norteamericanos. Y a pesar de ello, él está convencido de “… que mi retórica une a la gente. Nuestro país lo está haciendo realmente bien”.

 

En nuestro país hemos escuchado a lo largo de 18 años casi las mismas palabras que han generado división entre los mexicanos. Esta discordia se ha acrecentado en los últimos siete meses. Y para la gran mayoría de nosotros esto debe de detenerse.

 

Si en verdad queremos avanzar y construir un país que se ejemplo para el mundo es la hora de restablecer los valores que nos sustentan como sociedad: respeto, paz, honestidad, orden, responsabilidad, trabajo, tolerancia y solidaridad.

 

Ha llegado la hora de promover y gestionar el compromiso ciudadano hacia el respeto, la cultura de la legalidad y la sana convivencia social, no dejar todo bajo la responsabilidad del gobierno. Debemos hacer la parte que nos corresponde.

 

Es decir, ser parte de la solución, buscar la paz, el respeto y la seguridad de nuestros hijos y nuestras familias. Entender que cuando atentamos contra las normas sociales estamos dañando la educación de nuestros hijos y los derechos de nuestros vecinos.

 

Es hora de generar compromisos ciudadanos suficientes para generar un cambio positivo en México, sumar los esfuerzos de la sociedad organizada, crear conciencia acerca de la importancia del respeto, la cultura de la legalidad y la sana convivencia social para alcanzar la paz, porque somos todos los que con nuestro actuar cotidiano, demostramos nuestro compromiso con la unidad, el respeto y la paz.

Es momento de trabajar en propósitos comunes y, sobre todo, demostrar un ambiente de civilidad y de cordialidad en el que queremos transitar en este momento de la vida de México. Sumar ideas, ser solidarios, ser comprometidos para lograr que nuestro país alcance las metas que nos propongamos en beneficio de los mexicanos.

 

Es hora de dejar de lado los enconos, los rencores, las descalificaciones sistemáticas, las mentiras, el engaño. Porque aquí es donde vivimos y deseamos seguir viviendo en un marco de paz, de estabilidad, de legalidad y de plena democracia. Llego el tiempo de pugnar por un México próspero, saludable, con empleo, con óptima educación, con buenos servicios públicos, pleno de libertades, de justicia social y de certeza jurídica.

 

Para lograr lo anterior, es necesario que los niños y niñas, las amas de casa, los adolescentes, los obreros, los empleados, los empresarios, en suma, la sociedad toda; los gobiernos de los tres niveles y las fuerzas políticas sin distingo partidista y las iglesias de todos los credos, coincidamos en una misma ruta, que no es otra que el pleno desarrollo y la paz en México.

 

Sabemos que somos más los que queremos vivir en paz, con respeto, con legalidad. Pero si estos deseos y esfuerzos están dispersos, no producen un avance significativo. Sólo en la unidad podemos hacer valer nuestros espacios de paz y sana convivencia social.

 

Porque es la hora de hacer que las cosas buenas sucedan para el bien de todos y de México. De aquí en adelante depende de nosotros, es la hora de México.

 

TODOS LOS ARTÍCULOS DE OPINIÓN SON RESPONSABILIDAD DE SU AUTOR, Y NO NECESARIAMENTE REPRESENTA EL PUNTO DE VISTA DEL PORTAL POLÍTICA TLAXCALA