Según el “Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños”, la trata de personas se refiere a “…la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, recurriendo a amenazas o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o el aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación puede incluir, la explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas equivalentes a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

 

La trata de personas es un flagelo que se ha extendido en el mundo, afectando cada día a más personas, principalmente a mujeres, niños y adolescentes. El delito se consuma cuando el perpetrador utiliza diversas formas para acercarse a sus víctimas, valiéndose de métodos violentos, engaños o intimidación, así como de situaciones de vulnerabilidad de las víctimas para poder someterlos a explotación en diversas variantes, como lo es la explotación sexual o la laboral.

 

En la actualidad la trata de personas es considerada el tercer negocio ilícito más fructífero del mundo, solo superado por el tráfico de drogas y de armas. Su magnitud es muy difícil de calcular, ya que está constituido por transacciones delictivas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que este mercado ilícito mueve anualmente 32 mil millones de dólares.

Según información de la Iniciativa Global contra la Trata de Personas, de las ganancias globales que se mueven detrás del mercado ilícito de la trata de personas, mil 300 millones de dólares que equivalen al 4.1 por ciento son generados en América Latina. 

 

El 49 por ciento se genera en países industrializados, caracterizados por ser los principales destinos de las víctimas que provienen de Latinoamérica.

 

El Informe Global sobre Trata de Personas 2018 de la Oficina contra la Droga y el Delito (UNODC), presentado en enero de 2019, da a conocer el resultado del análisis de unos 24 mil casos documentados entre 2014 y 2016 en 142 países.

 

En el informe se señala que en las zonas en conflicto han aumentado los casos de trata, donde los grupos armados secuestran a mujeres para recompensar a los combatientes con esclavas sexuales y “usan a niños soldados para extender el miedo”.

 

Las cifras: son 2.4 millones víctimas de trata en el mundo; 130 países han reportado casos a nivel global; 59 por ciento de las víctimas a nivel global son captadas para la explotación sexual.

 

Niñas y niños, víctimas de trata. El 30 por ciento de las víctimas en todo el mundo son niñas y niños. El 50 por ciento de los niños son captados para la explotación laboral. En Centroamérica, el 66 por ciento de las víctimas son niños y niñas. Más de la mitad son niñas.

 

La mujer, el principal activo. Las mujeres y niñas representan un 70 por ciento de las víctimas totales de la trata a nivel global. 72 por ciento de niñas y mujeres detectadas son captadas para la explotación sexual. En Sudamérica el 82 por ciento de las víctimas son mujeres y niñas.

 

Los hombres no están exentos, representan el 21 por ciento y los niños, el 7 por ciento.

 

Todo lo anterior no es sino una pequeña punta del iceberg que es la trata de personas en el mundo. En México legisladores de varios partidos políticos han pugnado para acabar o cuando menos reducir a su mínima expresión la trata de personas a través de reformas a las leyes para que se castigue severamente a quienes lucran con la vida de los más débiles. Más no ha sido suficiente y aún falta mucho por hacer. No cerremos los ojos ante este grave problema que afecta a todos, pero sobre todo a los más débiles.

 

 

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