El aborto es un tema que está cubierto de muchas falacias que mueve sentimientos y pasiones de quienes están a favor o en contra. Lo cierto, es que la realidad está más allá de nuestros sentimientos y esta se debe ver con base en los hechos, el siguiente escrito pretende aportar, en sus diferentes partes, al debate presentando lo que la ciencia dice al respecto, y no es para menos hacer este esfuerzo cuando de lo que se habla es de la vida humana.

 

Un punto fundamental del debate es la forma en que se considera el comienzo de la vida humana, pero ¿cuándo empieza? De acuerdo a la biología, la genética y la embriología esta empieza desde la concepción, esto es cuando se fusionan los gametos femenino (óvulo) y masculino (espermatozoide), cada uno aportando carga genética que al fusionarse es completamente distinta de las células somáticas del organismo paterno y materno, esta carga genética prevalece desde la concepción hasta el día de la muerte, este es el origen de un nuevo ser. A los 14 días de esta fusión se inicia el desarrollo del sistema nervioso; a los 21 días el corazón comienza a latir y bombear sangre. «Tal como lo sostienen Robert George y Christopher Tollefsen, en Embrión. Una defensa de la Vida humana, el derecho a la vida del ser humano no varía según su etapa de desarrollo porque es el derecho fundacional para la persona. Es el derecho del que se predican todos los demás derechos.»

 

Ahora, a pesar de que la ciencia confirma vida desde la concepción y siendo este un ser humano completamente distinto de los padres al tener una huella genética propia e irrepetible, hay quienes argumentan que no es una persona y para esto me serviré de los argumentos de Tomás Antonio Catapano al comentar lo siguiente en su escrito “aportes para reflexionar sobre el aborto”:

«La proposición “todo ser humano es persona” tiene carácter descriptivo o asertórico, no moral.

 

Es cierto que esa afirmación puede tener una connotación moral al incluirse en un razonamiento moral, aunque ella no es necesariamente moral, ya que se trata de una proposición autoevidente con evidencia analítica, toda vez que su verdad se basa en su significado, de modo que el predicado pertenece a la esencia del sujeto, es decir que la definición de hombre (animado racional) coincide con la definición de persona (sustancia individual de naturaleza racional)

En el caso del sujeto viviente humano, el carácter constitutivo , que lo determina a ser un humano  y no otra cosa, se denomina “persona” o “personeidad” ( sustancia individual de naturaleza racional, en lenguaje de Boecio) De allí que la personeidad es el nombre propio del carácter constitutivo de la humanidad de un sujeto, y se distingue claramente del resto de sus determinaciones adventicias que lo modalizan y afectan, como lo son especialmente las relaciones que guarda el sujeto humano con otros sujetos o con animales o cosas.

 

La ciencia ontológica enseña que ese individuo biológicamente subsistente en su naturaleza es una persona humana, por tratarse de un individuo de la misma especie que el padre y la madre y poseer así su propio principio vital.»

La ciencia biológica confirma que existe vida desde la concepción, al ser producto de la relación sexual de dos humanos este es un ser humano (increíble, pero hay que afirmar lo obvio) y al ser genéticamente único, diferente de sus padres: es una persona nueva. Pero ¿por qué defender a esta persona? Bueno aquí es la ciencia jurídica la que nos da la respuesta de la mano de Frank van Dun filósofo del Derecho y del orden natural (ius natural).

 

«La palabra “ius” significa orden, por lo tanto, el ius natural es simplemente el orden natural. En el sentido en el que el ius natural es relevante para los juristas, éste es el orden natural de las personas, específicamente el orden de las personas naturales: seres humanos capaces de actuar racionalmente y teleológicamente, de hablar y de pensar. En pocas palabras, el ius natural es el orden natural del mundo de los hombres.

 

En otras palabras, el ius natural no es el orden de ninguna sociedad u organización social (en latín: societas; en alemán: Gesellschaft; en holandés: maatschappij); no se ocupa de las complejas y normalmente sofisticadas distinciones sociales de estatus o posición, papel o función que caracteriza este tipo de organización. En vez de esto, es el orden de convivencia (literalmente, el orden de los que viven juntos; en holandés: samenleving)

 

Obviamente, algunas y quizás la mayoría de nuestras costumbres y regulaciones aquí y ahora son muy distintas de las costumbres y regulaciones de esas civilizaciones antiguas en cualquier periodo de su existencia. También lo son nuestros vestidos y herramientas. Pero ninguna de esas cosas tiene un peso determinante sobre el ius natural o las condiciones de convivencia que las reglas y principios de justicia apuntan a preservar. Aquellas son cosas convencionales, no naturales, y como ya lo señalaron los sofistas griegos de la antigüedad, es un error grave confundir lo natural y lo convencional, o las nociones relativas de legalidad o conformismo social y la noción universal de la justicia. Tiene sentido exigir que nuestras costumbres, regulaciones y convenciones se adecuen a los requisitos de la justicia. Pretender que derivemos nuestra noción de justicia de nuestras convenciones sociales es igual a insistir en que derivemos las proporciones de un cuerpo sano de la ropa en nuestro vestuario»

 

Este orden natural considera que cada persona tiene derechos naturales inherentes e irrenunciables a esta:

 

«Los derechos naturales de una persona son su:

 

* Vida (en el sentido biológico);

 

* Libertad (la vida en el sentido de la actividad propia de cada uno como una persona cuyo pensar, actuar y trabajar es separado y puede distinguirse del de los demás);

 

* Propiedad natural (el cuerpo propio, el cual es el asiento físico de la vida y la libertad de cada uno).»

 

Estos dos puntos deberían bastar para defender la vida humana, lamentablemente, esta ha perdido tanto valor que hoy se puede llegar a decir que una persona tiene “derecho” de evitar el nacimiento de otra por un capricho, como lo podría ser una carrera profesional “exitosa”. Las consideraciones a favor del aborto son muchas, ninguna que valga cuando el tema es la vida de un ser humano.

 

En un segundo escrito trataré de tocar algunos otros “argumentos” que, quienes están a favor, utilizan para sumar apoyo a esta causa. Por el momento considero importante que quede claro que de lo que hablamos es de la vida de personas y que esta debe ser protegida por ser este un derecho fundamental y el primero de ellos, ya que sin vida no hay libertad y se extermina la primer propiedad con la que contamos que es nuestro cuerpo.

 

Fuentes:

 

Marquez, Nicolas y Laje, Agustin. EL libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural.

 

van Dun, Frank. Ius natural y derechos naturales

Catapano, Tomás Antonio. Aportes para reflexionar sobre el aborto: http://redi.ufasta.edu.ar:8080/xmlui/bitstream/handle/123456789/1608/APORTES%20PARA%20REFLEXIONAR%20SOBRE%20ABORTO.PDF?sequence=1

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