Confieso que no profeso a la libertad de prensa ese amor completo e instantáneo que se otorga a las cosas soberanamente buenas por su naturaleza. La quiero por consideración a los males que impide, más que a los bienes que realiza.

 

Alexis de Tocqueville

 

Criticar, según la Real Academia Española, tiene dos definiciones: 1. Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia de que se trate. 2. Hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha suyos. Ante estas definiciones podemos decir que la crítica es analizar detalladamente algo, sus elementos y consecuencias, y siendo el caso, señalar sus defectos. Esta práctica se da, entre otros espacios, en la política.

 

La crítica es relevante para mantener limitado el poder cuando los contrapesos institucionales fallan. Es decir, en un Estado donde el poder se ha concentrado en el jefe de Estado; ya sea porque los controles institucionales no están bien definidos, son vulnerados o no existen, esto da como consecuencia la existencia de poderes subordinados a uno solo. Para el caso de México, es cuando el Poder Legislativo y el Poder Judicial se han subordinado al Poder Ejecutivo.

 

Cuando lo anterior ha ocurrido la forma en la que el poder puede ser limitado es a través de la opinión pública. La opinión pública sirve de termómetro para el gobierno, pues con esta se guía para la toma de decisiones. Cuando la mayoría de la población de un determinado territorio prefiere una u otra cosa lo expresa a través de sus opiniones, estas serán recogidas y ampliadas por los medios de comunicación.

 

Con el avance de la tecnología la preponderancia de los medios de comunicación cambia; la imprenta se lo dio a los periódicos, la radio se lo dio a las radiodifusoras, la televisión a las cadenas de noticias. Estos pueden ser considerados los medios tradicionales. Estos han dejado de tener la preponderancia para cumplir esta función, ahora son la opinión publicada. Las computadoras y el Internet le han empezado a dar preponderancia a las redes sociales pues estas se han convertido en el espacio donde la opinión pública se encuentra, las opiniones de la mayoría.

 

Durante mucho tiempo hacer uso de la crítica en México ha sido algo, no solo importante, sino indispensable para que el país no caiga en desgracia por decisiones de malos gobiernos. Hasta antes de este gobierno se realizaba, y los gobiernos eran constantemente puestos al escrutinio público. Esto era, hasta cierto punto, una sana convivencia, pues el gobierno en turno debía pensárselo muy bien antes de tomar una decisión y emprender alguna política. Infortunadamente, con el actual gobierno, quienes antes criticaban férreamente hoy guardan silencio, incluso, defienden actos del gobierno a pesar de sus evidentes yerros. Esta “opinión pública” (entre comillas porque no es la mayoría) se ha vuelto tiránica, y censura a quienes hoy no comparten su forma de pensar.

 

México está entrando en la era de un gobierno de izquierda; este llega con una legitimidad muy alta, lo cual le da luz verde para hacer cuanto le plazca. Podríamos decir que tiene el poder absoluto, y como lo dijera Lord Acton «el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente» y solo haciendo escuchar nuestras voces podremos contrarrestar ese poder. No nos dejemos intimidar y callar por una “opinión pública” tiránica, porque esa es la peor y más peligrosa forma de gobierno. En México hay muchas voces que no están de acuerdo con el actuar del actual gobierno y nos tenemos que hacer escuchar pues esta es una lucha por preservar la libertad. Escuchemos los contundentes mensajes de advertencia que nos han dejado grandes pensadores como Ludwig von Mises y Alexander Hamilton sobre este relevante tema:

 

«El gobierno, enseñó (David) Hume, siempre es gobierno de muchos por pocos. El poder siempre está, por consiguiente, del lado de los gobernados y los gobernantes no tienen en qué apoyarse más que en la opinión. (…) Si, en última instancia, la opinión pública es responsable de la estructura del gobierno, también es la que determina si habrá libertad o esclavitud. Sólo hay un factor que tiene el poder de hacer que la gente pierda su libertad: una opinión pública tiránica. La lucha por la libertad es, en última instancia, no la resistencia a los autócratas u oligarcas, sino la resistencia al despotismo de la opinión pública. No es la lucha de muchos contra pocos, sino de minorías -a veces la minoría de un hombre- contra la mayoría. La peor y más peligrosa forma de gobierno absoluto es el de una mayoría intolerante.»

 

Ludwig von Mises.

 

«Que las opiniones del pueblo, cuando son razonadas y maduras, dirijan la conducta de aquellos a quienes confía sus negocios, es lo que resulta del establecimiento de una Constitución republicana. Pero los principios republicanos no exigen que se deje uno arrastrar por el menor viento de las pasiones populares, ni que se apresure a obedecer a todos los impulsos momentáneos que la multitud puede recibir por la mano artificiosa de hombres que halagan sus prejuicios para traicionar sus intereses.

 

Cuando los verdaderos intereses del pueblo son contrarios a sus deseos, el deber de todos aquellos que ha propuesto para la salvaguardia de esos intereses, es combatir el error de que es momentáneamente víctima, a fin de darle tiempo para reconocerlo y considerar las cosas con sangre fría. Y ha llegado a acontecer más de una vez que un pueblo, salvado así de las fatales consecuencias de sus propios errores, se ha complacido en elevar monumentos de agradecimiento a los hombres que tuvieron el magnánimo valor de exponerse a desagradarle por servirlo.»

 

Alexander Hamilton.

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