Hoy el Baúl de los recuerdos nos remonta a los inicios de la educación en Zacatelco. Y desde luego este artículo es dedicado a todos mis compañeros maestros, que día a día realizan esa difícil tarea de moldear mentes.

 

En Zacatelco el 5 de mayo de 1885, se inaugura la primera escuela en Zacatelco, llamada “Especialmente para señoritas”, el director menciona la aportación que hacen los vecinos de San Marcos Contla y Santa Cruz Quilehtla, quienes dieron “tablas y morillos,” dichas poblaciones aún pertenecían a nuestro municipio, actualmente es la escuela “Ignacio Zaragoza”, que se ubica atrás de la iglesia y precisamente era para señoritas  porque a los 12, 13, 14 años, los varones ya tenían que estar preparados para ir a trabajar las tierras del patrón o para ser jornaleros,  incluso se consideraba que asistir a la escuela era perder el tiempo.

 

Por otra parte, la educación en casi todos los hogares era una combinación de palabras altisonantes y golpes, por lo que no era extraño escuchar decir al padre o a la madre cuando llevaban al niño a la escuela: ¡Ay le encargo a mijo maestro, ya sabe, sino cumple o no hace la tarea péguele, no me voy a enojar, por mi ni se preocupe! O bien, ¡aquí le traigo a mijo, maestro para que me lo eduque y me lo enseñe si quiere devuélvame nada más la salea pero educada!, eran los tiempos en que se cumplía al pie de la letra la máxima “La letra con sangre entra” –En esta obra pictórica Francisco de Goya realiza una crítica al sistema educativo de su época mostrando una pequeña escuela en la que el maestro aparece sentado a la izquierda con un perro a sus pies mientras azota a un alumno con las nalgas al aire e inclinado para recibir el castigo. A la derecha se distinguen otros dos alumnos que acaban de recibir el castigo mientras otros se enfrascan en sus tareas. Y claro los maestros fieles a la costumbre y a la forma en que también fueron educados, ni tardos ni perezosos ejecutaban las acciones pertinentes utilizando una vara de membrillo o de rosa de castilla  de esas que “no sabían fallar”, nunca se rompían, los borradorzasos en las manos, el compas, el jalón de patillas, la elaboración de planas con la leyenda “Debo hacer la tarea” o aquella de “No debo pegarle a mis compañeros”, los ladrillos con las maños abiertas, en pleno rayo del  sol, etc. ¡Ah! Pero cuidado acusarse con papá o con mamá porque se exponía uno a que nos dieran otra “calentadita”.

 

Fueron años en que educarse implicaba asistir a la escuela todo el día, se iba a clases por las mañanas y por las tardes, además no había cuadernos, cada uno  llevaba su pizarra y un trapo para borrar.

 

En cuanto a las bancas para sentarse, simplemente no había, los niños tenían que sentarse en el suelo, los de más posibilidades económicas llevaban y traían su banco y la pizarra la ponían en las piernas para escribir.

 

En sus inicios la educación en Zacatelco, sólo abarcaba hasta el cuarto grado, tiempo en que recibían su certificado, si querían seguir con sus estudios tenían que emigrar a otras ciudades. Por el año de 1950 ya había clases hasta sexto año. Ahí estaba el inolvidable profesor Juan Vázquez y Ramírez recordado por su sabiduría, pero también por la rudeza con la que trataba a sus alumnos, aunque la mayoría de las personas que fueron sus alumnos lo recuerdan con mucho cariño y agradecimiento. Ellos comentan en cuarto año ya sabíamos resolver raíz cuadrada y raíz cúbica.

 

En la época de los 60,s se construye la escuela primaria Antonino González Abascal cuyo nombre es en honor a su benefactor, tiempos también  se instala la primera secundaria en Zacatelco, se llamó “Mariano Matamoros” y funcionó en las precarias instalaciones –en aquellos días- de la escuela Ignacio Zaragoza, por las tardes. En 1970 se inaugura la “Secundaria Ignacio Manuel Altamirano”. Actualmente se cuenta con más de 70 planteles educativos en Zacatelco que abarcan desde preescolar  hasta posgrados

 

La verdadera satisfacción del profesor es  ver la transformación que van teniendo los educandos al integrarse a su grupo  y de convertirse en verdaderos constructores de  su conocimientos y  que no pueden ocultar su alegría cuando descubren que empiezan a  leer y a escribir, a sumar y restar  y nuestra   recompensa inmediata  será  cuando al final del día    con  una enorme sonrisa  y a veces hasta con la cara sucia nos dicen “Hasta mañana maestro (a)”. Y al paso del tiempo al encontrarlos convertidos en flamantes profesionistas y excelentes hombres y mujeres de bien, sabremos que hemos cumplido.“Gracias Maestro” y claro que si “Gracias Maestro por estar ahí, por compartir tú sabiduría, tu sonrisa, tu enojo, tu desesperación, porque ahora comprendo que tú también eres un ser humano que ríe y llora, pero sobre todo que tiene la bendita misión a la manera de un escultor de ir moldeando la mente de  seres humanos que confiaron en ti, que te admiran y que con una sonrisa dicen “Gracias Maestro” te viviré infinitamente agradecido por compartir conmigo tus conocimientos. 

 

Fotografía: profesor Juan Vázquez y Ramírez y sus alumnos que actualmente tendrán entre 80 y 900 años de edad.

 

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