Hoy el Baúl de los Recuerdos se abre para evocar la vida de un personaje controvertido, al platicar con  personas que lo conocieron y convivieron con él, algunas opinan que fue un hombre bueno, otros más que era una persona que tomaba medidas extremas para solucionar sus problemas y cuyo lema era “actúa con el cerebro y no con el corazón.”

 


Carlos Estrada era una persona de origen humilde e iletrado pues no tuvo la oportunidad de asistir a la escuela para recibir una educación formal, como el mismo decía: “Yo aprendí en el camino a leer, a escribir y a defenderme en la vida”. Sus orígenes son un tanto confusos, pocas ocasiones  gustaba hablar de esto, incluso casi nunca habló de cuál era su segundo apellido, aunque se considera que era “Márquez”.

 

De su niñez se desconoce su historia, sobretodo porque no era de Zacatelco,  de su  juventud se sabe que trabajo de arriero, jornalero y comerciante. Además, se tiene referencia de  que estuvo preso debido a  problemas  con una persona que se burlaba de él.  Ahí en la cárcel conoció a alguien seguramente joven, quien lo animó a darse de alta al mando de las fuerzas de Venustiano Carranza, donde alcanzo el grado de Mayor, durante la Revolución Mexicana.

 

Entre 1926 y 1927, Carlos Estrada logra ser  Presidente Municipal Constitucional de Zacatelco, en un contexto  donde prevalecía la ley del más fuerte y cada quien hacía lo que quería, las armas tenían la primera y la última palabra. La historia comenta que en aquellos tiempos en el pueblo había una banda de maleantes que tenían atemorizada a toda la ciudadanía, Carlos Estrada decide acabar con esta situación mandando a matar a todos, esta es la parte más relevante y oscura de su mandato como Presidente Municipal, esta acción fue determinante para que se ganara la admiración de algunos ciudadanos y el desprecio de otros y lo que generó una enorme diversidad de opiniones a favor y en contra de su persona, hasta nuestros días.

 

Entre 1933 y 1935 es diputado local, formando parte de la XXXII Legislatura,  junto con Mauro Angulo, Baltasar Maldonado Olvera, siendo Gobernador del Estado Rodolfo Bonilla, en este tiempo inician la modernización del primer cuadro de la Ciudad de Tlaxcala, que en ese entonces, se encontraba todo empedrado, el Mercado Municipal se realizaba en lo que actualmente es la Plaza Xicohtencatl y deciden cambiarlo a la explanada donde ahora se ubica la  Plaza Juárez, pues ahí terminaba la Ciudad a un costado de la iglesia de San José, lo demás eran terrenos de labor. 

 

Desde muchos años atrás, Carlos Estrada había sido líder de varias factorías textileras,  entre las que se encontraban  “La Nacional” que estaba en la Ciudad de Puebla, de “Textiles San Francisco”, que estaba en la Ciudad de México. Por los años cincuenta, junto con un grupo de zacatelqueneses, se da cuenta que se era necesario tener unas oficinas dignas donde pudieran despachar los funcionarios de esos tiempos y para comodidad de las personas que requirieran algún servicio, así que propone la construcción de un Palacio Municipal, para ello descuenta dos pesos de sueldo semanario, a todos los trabajadores que se encontraban bajo sus órdenes, esa era una de las condiciones para que les diera trabajo.

 

Antes de existir el Palacio Municipal las oficinas se encontraban sobre la explanada del Parque entre la estatua de Domingo Arenas montado a caballo y el Sitio Santa Inés, mejor conocido como sitio I. Se compró la casa de la Familia Fierro en $ 35,000 pesos y el primer Presidente Municipal que despacho en el Palacio Municipal fue Don Guadalupe Bermúdez.

 

Por otra parte los dueños de “Textiles San Francisco”, específicamente el Señor Antonino González Abascal, a petición de Carlos Estrada, propone que en agradecimiento a los servicios que habían brindado los obreros originarios de Zacatelco, quería construir una escuela para los hijos de estos. Inician los trámites, se le encarga a Don Carmelo Moreno conseguir el terreno y el Señor González Abascal entrega a Carlos Estrada la cantidad de $ 60,000 pesos, que era el costo calculado, para depositarlo en un Banco de Puebla. Se da aviso a la Secretaría de Educación Pública e inmediatamente envían a una persona para hacer la valoración de los planos. El gobierno de aquel entonces no permitió que se hiciera una escuela “TIPO HIDALGO”, es decir, con techo catalán y piso de ladrillo y en su lugar se construye una escuela que conservaba el perfil de las escuelas de su tiempo, establecidas por el C.A.P.F.C.E. Cada sábado venía Don Carlos a pagar a los trabajadores. Por otra parte,  Don Guadalupe Bermúdez –Presidente municipal- prestaba a los presos que estaban en la cárcel local para colaborar en la construcción de la escuela y el encargado de toda la obra se llamó Cenobio Mancilla.

Así surge la Escuela Antonino González Abascal, que lleva este nombre en honor a su benefactor y el 2 de diciembre cumplirá 56 años de su fundación.

 

Estas son sólo algunas de las obras en las que colaboró Carlos Estrada, sin embargo su obra en favor del municipio fue mucho más grande, desde luego, al lado del sector obrero de aquellos tiempos.

 

Agradezco la colaboración del  Señor Fidel Maldonado Badillo, originario del Carmen Aztama y el Señor José Felipe Álvarez, para realizar este artículo.

 

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