En Tlaxcala, como en el país, hacen ciudadanos responsables, decididos a encauzar a la política como el mecanismo por excelencia para la deliberación y los acuerdos que buscan el bien común. Pese a que muchos consideran que la transición, iniciada en el 2000,  prácticamente ha terminado, lo cierto es que aún faltan avances en materia de transparencia, rendición de cuentas y procesos electorales más confiables.

 

A pesar de los avances, no podemos soslayar que todavía existe una parálisis de acuerdos políticos, por lo que es necesario mejorar sustantivamente la implementación de las políticas públicas de los tres órdenes de gobierno, hacer eficiente el uso de los recursos públicos, y llegar a una corresponsabilidad y coordinación capaces de dar soluciones contundentes a los problemas de nuestras comunidades y del país.

 

Es un hecho que la consolidación de la democracia mexicana pasa por dos prioridades fundamentales: una reforma política que impulse la representación ciudadana efectiva, la profesionalización de la gestión pública y la “productividad legislativa”, mecanismos de rendición de cuentas y tener un órgano electoral realmente ciudadano; dos, un despertar social, encauzado a través de organizaciones, redes, consejos y observatorios ciudadanos que participen e influyan, cada vez más, en la toma de decisiones y en la evaluación de la gestión pública y la procuración de justicia.

 

Cientos, miles, millones de mexicanos, hemos tenido el sueño de que nuestros representantes, los líderes de las fuerzas políticas y los dirigentes de los organismos intermedios se pongan a la altura del momento crítico que vivimos, para realizar un acuerdo que genere un proyecto de Estado y de nación viable, en el que todos podamos coincidir.

 

Luego de décadas de centralismo político, los ciudadanos necesitamos ver y sentir que nuestras autoridades locales se hagan responsables de gran parte de los asuntos que más nos interesan. Hoy, tenemos que reconocerlo, los gobernadores cuentan con más poder y facultades. Esto es positivo, por supuesto, pero en reciprocidad pedimos que asuman sus responsabilidades a plenitud.

Los mexicanos estamos cansados de ver que nuestras representantes se deslindan de sus obligaciones, transfiriéndolas a otros poderes o niveles de gobierno. O simplemente, dejando que el tiempo se las lleve.

 

El nuevo balance del poder en México, exige replantear las responsabilidades a nivel municipal, estatal y nacional, sobre la base de la corresponsabilidad y la coordinación. Esto es indispensable para enfrentar con eficacia los grandes desafíos locales y nacionales, como son el combate a la inseguridad pública y la delincuencia organizada, la educación, el impulso al crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y la gobernabilidad democrática.

 

La Federación tiene obligaciones ineludibles sobre las problemáticas locales, tanto en las causas como en las soluciones. De la misma forma, el destino nacional depende en gran medida de del buen gobierno y el compromiso con el país de las autoridades locales.

 

A Tlaxcala y a México, no le sirve un canje del presidencialismo hegemónico de antaño, a la omnipotencia de cacicazgos locales o la inoperancia de poderes autónomos que viven en un estado permanente de antagonismo.

 

Estamos de acuerdo en tener gobiernos estatales con más recursos. A cambio demandamos de éstos, más transparencia y rendición de cuentas. Que se acabe con la opacidad en el manejo de los presupuestos públicos. Queremos que los gobiernos locales reciban de la Federación los recursos suficientes para poder cumplir con sus compromisos y responsabilidades. Sin embargo, es necesario que los estados y municipios mejoren la calidad del gasto público y desarrollen fuentes propias de ingresos para ser más autosuficientes.

 

Los ciudadanos queremos trabajar con nuestros gobiernos locales para que la transformación del estado y del país se traduzca en beneficios concretos para todos. Creemos que es posible que el gobierno y la sociedad, juntos, le apostemos al trabajo honesto, por el simple hecho de que somos más que aquellos que quieren seguir nadando entre las mentiras, la corrupción y la impunidad.

El futuro de este estado y de este país depende de ello, de que logremos acuerdos, si no, simplemente no habrá un futuro, Tlaxcala y México son de todos, no de unos cuantos.

 

Recuerden que: “No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino”. Johann Wolfgang Goethe.

 

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