Quizás un embarazo durante la adolescencia no arruine la vida de los futuros padres, como solemos asegurar; sin embargo, sí apresurará el tener que asumir responsabilidades que en forma idónea corresponden a otra edad posterior. Las estadísticas actuales indican que este problema de salud ha ido en aumento a pesar de las acciones y políticas públicas. El hecho de que la información abunde en los diferentes medios de comunicación, no significa que en el momento cúspide, el o la adolescente vaya a recordar dicha información, o que esté totalmente consciente de las posibles consecuencias de sus actos.

 

Es poco probable que un o una adolescente tenga entre sus planes concebir un hijo durante esa etapa de su vida, lo que indica que los embarazos adolescentes ocurren como sucesos no planeados, no deseados o imprevistos. Los padres de adolescentes no se deben atener a que las autoridades de salud y educación hagan lo necesario para difundir la prevención de embarazos. Ya que corresponde a los padres informar y alertar a sus hijos acerca del riesgo que representa el vivir un embarazo adolescente. Promover la construcción de un plan de vida en cada adolescente, es una forma de alentarlo a dar dirección y sentido a su existencia. Compartir sueños, proyectos y objetivos, dialogar frecuentemente son formas de acercar a padres e hijos.

 

Cuando al interior de los hogares se practica el respeto, la tolerancia, la colaboración y la equidad, entonces las condiciones están dadas para que un o una adolescente sea consciente de la responsabilidad que significa concebir un hijo. Por el contrario, cuando los padres son invisibles para el adolescente a pesar de que vivan juntos, entonces éste haciendo uso de su libre albedrío empezará a tomar decisiones importantes con ligereza sintiendo que está en su derecho de hacerlo.

 

Las consecuencias que trae un embarazo durante la adolescencia son diversas, por citar algunas: frustración y depresión, abandono de los estudios, postergar u olvidar la realización de estudios universitarios y laborar obligadamente, además del riesgo de salud para la madre y el bebé.

 

Si los padres no se sienten capaces de abordar el tema de la educación sexual con sus hijos, entonces deberán pedir ayuda profesional a fin de no esperar pasivamente a que ocurra lo inesperado. Si el o la adolescente inició una relación de noviazgo, abordar la prevención del embarazo y otros temas de salud sexual y reproductiva ya no pueden esperar.