Más frecuente de lo imaginable.

 

De acuerdo con investigaciones realizadas en escuelas de nivel secundaria y bachillerato, de cada 10 adolescentes que mantienen una relación de noviazgo, 5 de ellos se han visto en situaciones de violentas de diferentes magnitudes.

 

Un dato alarmante es que, en el 90 por ciento de los feminicidios, el homicida era conocido de la víctima, sea novio, esposo o expareja. Lo que significa que, el agresor y la víctima tenían o tuvieron confianza entre sí. Actualmente está demostrado que el hecho de que las mujeres se estén desenvolviendo en diferentes ámbitos laborales y profesionales, a los que en antaño no tenían acceso, ha sido motivo para que los agresores deseen desaparecerlas y lo hagan. Pareciera un agravio mortal que ellas deseen superarse al estudiar y/o trabajar.

 

Debido al contexto familiar cotidiano en el que los adolescentes se desenvuelven, observan como “normal” las agresiones verbales, físicas y psicológicas; ello ha generado que repliquen conductas agresivas en sus relaciones de noviazgo. Pareciera que ser novio o novia es sinónimo de ser “dueño” de alguien. Es decir, que ese alguien tiene derecho a limitar o a decidir las conductas en el otro porque existe un noviazgo de por medio.

 

Ante ello, es de suma importancia enseñar a los adolescentes que tanto hombres como mujeres son seres completos, individuales y autónomos. No hay medias naranjas, nadie es dueño de nadie, más que de sí mismo. Así mismo hay que enseñarles que las relaciones de noviazgo se construyen en un marco de respeto, comprensión, tolerancia y apoyo. El violentómetro marca que desde burlas, ofensas, pellizcos, jalones de cabello, control del celular o de la forma de vestir, presión para acceder a una relación sexual, y muchas más, todas son actitudes violentas que no se deben permitir bajo ninguna circunstancia.

 

Para advertir oportunamente si una o un adolescente está viviendo violencia en el noviazgo, es necesario que los padres estén alertas, conozcan al novio o novia, platiquen y convivan en lo posible con ambos, sólo así podrán darse cuenta que sea una relación sana.

 

Desafortunadamente, a menudo no hay confianza entre padres e hijos para hablar de estos temas; sin embargo es fundamental que los padres hagan un esfuerzo y se acerquen a sus hijos a fin de evitar que se conviertan en víctimas o victimarios.

 

Hombres y mujeres tienen derecho a una vida libre de violencia, pero no es suficiente con afirmarlo, es necesario llevarlo a la práctica y asegurarse de ello, pues los adolescentes suelen identificar, por ejemplo: Los celos con muestras de amor profundo.

 

Nuevamente, es tarea de los padres estar al pendiente de sus hijos y orientarlos en la toma de decisiones asertivas, tal es el caso de aprender a decir no, cuando así se desee en realidad. La práctica de valores humanos es lo que hace la diferencia en las diferentes etapas de la vida, sobre todo en la adolescencia cuando se es más susceptible de confusiones que arrojan consecuencias inesperadas la mayoría de las veces negativas.