Crecí sin papá,

¿Dónde está la otra mitad de mi origen?

 

Sin pretender profundizar en teorías explicativas, me concretaré a plantear algunas reflexiones acerca de ¿Por qué existen hijos e hijas que no tienen a un padre a su lado?

En términos generales, desde el momento de la relación sexual que da origen a una nueva vida, necesariamente hay dos personas involucradas. Por lo tanto, ese nuevo ser nacerá gracias a que hubo los elementos fundamentales para que así sucediera. Es decir, es una responsabilidad compartida, ya que una sola parte no sería capaz de concebir. En este contexto, es importante poner en claro que ese pequeño ser necesita alimento, afecto, protección, cuidados, educación y atención, y que quienes tienen la responsabilidad obligada de proveer todo ello y más, son esas dos personas involucradas: mamá y papá.

Así, cada mujer y cada hombre deben responder por sus actos y asumir las consecuencias de éstos. Independientemente de que se dé una ruptura entre la pareja o simplemente decidan no estar juntos, al existir un hijo o más, ya hay una o varias responsabilidades compartidas y lo que sigue es estar presentes –con todo lo que implica- en la vida de ese o esos hijos.

El tema me ocupa porque tristemente se ven varones que engendran hijos y que olvidan o evaden esa gran responsabilidad, dándose la vuelta e ignorando qué es de ese hijo, si vive, si come, si aprendió a hablar, si asiste a la escuela o si tiene qué vestir, y de esta forma irresponsable y cobarde dejan a sus hijos bajo la responsabilidad de la madre y se excusan diciendo que ella es capaz de darles lo necesario. Sin datos estadísticos a la mano, basta ver a nuestro alrededor para constatar que hay más varones que mujeres que evaden y olvidan la responsabilidad que representa un hijo. Si la pareja no tuvo a bien entenderse o soportarse, no vivirá en el mismo lugar, mas eso no deslinda a ninguna de las partes de la responsabilidad contraída al tener hijos.

Algunas mujeres piensan que es mejor dejar que se desentienda con tal de no volver a ver al padre de sus hijos y evitar conflictos; sin embargo esa forma de pensar fomenta y facilita que existan varones que no respondan por su obligación. Afortunadamente en nuestro país las leyes actuales obligan al padre a asumir parte de la manutención de los hijos que haya engendrado; no obstante, para que proceda se requiere la determinación de la madre en cuanto a que inicie un procedimiento legal.

Si no se enseña a mujeres y a hombres que se debe responder ante las consecuencias de sus actos, entonces seguirá habiendo cada vez más hijos sin mamá o papá a su lado, porque no se trata solamente de cosas materiales, también se trata del afecto que toda persona de la edad que sea necesita. Tan solo el hecho de hablar con alguien que te puede orientar o dar su punto de vista sobre tal o cual tema, es muy importante para un hijo.

No se trata de defender a las mujeres que solas sacan adelante a sus hijos, más bien se trata de cambiar la mentalidad de que un hijo puede abandonarse como si fuera algún objeto que estorba. Es injusto pensar que la madre es mayormente responsable del cuidado y/o manutención de los hijos porque nacen a través de ella, ya que la presencia, amor, atención y demás, tanto de la mamá como del papá son necesarios e irremplazables para cada hijo.

Sentimentalmente, estoy convencida de que mamás y papás somos las personas que más amamos a nuestros hijos en la vida; es decir, la congruencia de mi amor por mi hijo será la fuerza que me lleve a hacerme cargo de él y a volcar en él mi afecto, ya que compartiremos gran parte de nuestras vidas. Es así que pregunto: ¿Cómo puede un padre abandonar a un hijo sin interesarse por él?, ¿Carece de buenos sentimientos?, ¿Al crecer no tuvo papá a su lado?, ¿Le estorba su hijo?, ¿Vivió maltrato en su niñez?, ¿Se conduele al ver niños abandonados en la calle o le son indiferentes?, y ¿Ha pensado alguna vez que un niño de la calle podría ser hijo suyo?

De esta forma, esa través de la convivencia cotidiana con hijos e hijas que los padres debemos hacerles sentir que son importantes, que nos ocupan, que los amamos y que cuentan con nosotros para apoyarlos e impulsarlos en su proyecto de vida. El momento de compartir los alimentos a cualquier hora del día, es excelente para hacer sentir y notar en familia que el tener un hijo es contraer una responsabilidad de por vida. Afirmo que es de por vida, ya que hay mamás y papás de ochenta años que tienen hijos de sesenta y siguen al pendiente de ellos hasta el final de sus días.