Mantén positivos tus valores porque tus valores se convierten en tu destino.

Mahatma Gandhi.

 

 

A menudo hago esa pregunta a diversas personas por doquier, la mayoría contesta afirmativamente e invariablemente sostengo que no estoy de acuerdo. Si una persona afirma que los valores humanos se han perdido, en mi opinión, se auto justifica para que cómodamente cualquier proceder arbitrario sea visto como “normal”, argumentando que los valores se han perdido. Entonces tirar basura en la calle, faltar al respeto al vecino, golpear a la pareja, ofender al hijo, invadir los lugares reservados para personas con capacidades diferentes, prometer y no cumplir, llegar tarde a alguna cita, interrumpir abruptamente una ceremonia, juzgar a alguien por su apariencia física, discriminar a las minorías, gritarle a alguien que presta un servicio, quedarse con algo ajeno por haberlo encontrado, mentir, entre muchas otras arbitrariedades, se ven como lo que se esperaba que sucediera y no podía ser de otra manera.

 

Erróneamente se ha pensado que a los demás, a los otros, a los allá les corresponde poner en práctica los valores humanos, a todos menos a mí. Si todos pensamos de esa manera, entonces nadie se responsabiliza de dicha práctica, entonces estaremos esperando que alguien más –excepto yo- sea quien asuma la práctica de buenas costumbres.

 

La práctica de valores humanos nos permite la convivencia armónica y respetuosa, y es el seno familiar, el lugar indicado para aprender estas prácticas. Los valores humanos se materializan en cada persona, sea quien sea, esté donde esté; no son algo que flote en el ambiente. Por ello, insisto que yo, tú, él, ella, todos tenemos la oportunidad de que a cada paso que damos proyectamos quienes somos y, por lo tanto, demostramos si tenemos valores o carecemos de ellos.

 

Si los padres acostumbran mentir, los hijos aprenderán a hacerlo y será lo normal para ellos, se convertirá en una forma de vida. Por el contrario, la práctica cotidiana de los valores permitirá buenas relaciones con los demás, evitará sobresaltos y dará tranquilidad.

 

Es ineludible retomar la práctica de llegar puntualmente a las citas, esforzarse para hacer lo mejor posible las encomiendas que se nos den, respetar a nuestros semejantes, a los animales y a toda forma de vida, promover a través de la práctica el cuidado del medio ambiente, respetar a los demás aun cuando tengamos diferencias con ellos, reconocer, valorar y respetar a los mayores, tratar por igual a hombres y mujeres, procurar a las minorías y a los niños, permitir la expresión de aquellos  que difieren de nuestra opinión, ayudar a quien lo requiera, respetar todo lo ajeno, dado que debe tener dueño.

 

Si cada uno hace lo que le toca, juntos lograremos una sociedad más justa y civilizada. Empero nadie puede hacer lo que al otro le corresponde, necesariamente cada persona debe responsabilizarse de sí mismo, en primer lugar y, de los suyos, en segundo.

 

Incansablemente seguiré asegurando que los valores no se han perdido, pues no hacerlo sería aceptar que la batalla está perdida y con ésta también la humanidad.

 

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