Quien se dedica tiempo para mejorarse a sí mismo,  no tiene tiempo para criticar a los demás.

Teresa de Calcuta.

 

La vida nos regala un cúmulo de experiencias, algunas inesperadas, otras anunciadas; sin embargo hasta que se viven, es cuando realmente conocemos la magnitud y el significado de cada una de éstas. 

 

Al paso de los años cada ser humano tiene toda la posibilidad de madurar su forma de hablar, pensar y actuar; esta facultad no debería ser opcional sino obligada, pues como se señaló antes, la vida nos enseña repetidamente.

 

Necesariamente quien tiene hijos a cargo, sea en pareja o de forma individual, tendrá que “enseñar con el ejemplo”. Si enseña agresividad, falta de autocontrol, de tolerancia o de respeto, entonces no deberá esperar que sus descendientes muestren una conducta distinta a la que observan en sus progenitores.

 

Todos los días, a cada momento, sin importar con quien estemos, mostramos quienes somos, cómo pensamos y qué prioridades nos ocupan. No se trata de ser perfectos, sino de ser conscientes de lo que estamos enseñando a quienes nos observan, sobre todo tratándose de nuestros hijos.

 

En ocasiones nos tomamos la libertad de ver los defectos y fallas en los demás, aseguramos que la sociedad está corrompida, deshumanizada, que no tiene educación, que abusa o pisotea, etc.; mas habrá que hacer un alto aquí y recordar que todos somos parte de esa sociedad. Es cómodo y fácil juzgar al otro. Y yo, ¿en cuáles de los defectos y fallas sociales que existen estoy participando “sin darme cuenta”?

 

Toda persona que tenga a cargo la formación de algún niño o niña debe saber que esos menores tienen derecho a vivir motivados, tranquilos, alegres y satisfechos, si alguno muestra rebeldía, insolencia o desánimo, estos signos son señales de alerta: algo está sucediendo que se debe atender con oportunidad, no deberá pasar desapercibido como si no nos importara.

 

El afecto de los padres por los hijos no debe ser pretexto para pasar por alto las fallas de éstos, fomentarles conductas inapropiadas es peligroso y en algún momento las consecuencias pueden ser mayores e irreversibles. Justificarlos por amor no les ayuda, por el contrario, no los prepara para tomar con responsabilidad las riendas de su vida. Ver objetivamente los tropiezos que enfrentan los hijos y que deben aprender a resolver paulatinamente ellos mismos, es facultad y responsabilidad de los padres.

 

Así como la sociedad actual muestra tantos defectos, en ella misma está la posibilidad de corregirse. Empezar en casa sí funciona, compartir buenas costumbres y conductas ayuda a mejorar. No sirve pensar que yo estoy bien y los demás están mal. Compartir experiencias también ayuda, en algún momento otra persona puede ayudar a que me dé cuenta de mis fallas. Abrir la posibilidad de que puedo estar en un error es estar dispuesto a observarme a mí mismo para lograr una mejor versión de mi persona.

 

 

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