No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida,  enseñadles más bien a superarlas.

Louis Pasteur.

Los hijos se convierten para los padres, según la educación que reciban,  en una recompensa o en castigo.

Jean petit Senn-Antoine.

 

La evolución de la sociedad y las influencias mediáticas de la actualidad, nos hacen pensar que ser buen padre o madre es dar cosas materiales a nuestros hijos o enviarlos a la escuela particular, en lugar de proveerles valores, buenas costumbres, disciplina y amor. Basta con recordar, quienes ya somos padres, cómo fuimos educados por nuestros padres o abuelos.

 

Algunos adultos de hoy solemos comentar: “Ya no hay respeto”, “Ya no hay valores” o afirmaciones similares; sin embargo, la afirmación debería ser: Yo rescato los valores inculcando a mis hijos y nietos tal o cual conducta o actitud.

 

Antes los límites conductuales eran muy claros:

 

  1. A los mayores se les respeta, no se permiten malas palabras.

 

  1. Los menores tienen obligaciones y responsabilidades qué cumplir y no hay cabida para excepciones.

 

 

  1. A la hora señalada para tomar alimentos, todos (hombres y mujeres) acuden con orden, respeto y disciplina. Además, colaboran en la elaboración previa de alimentos, en la “puesta” o en la “levantada” de la mesa.

 

 

  1. Los adultos merecen el respeto de los menores, no sólo por ser mayores sino porque se lo ganan siendo adultos congruentes.

 

  1. Los mayores son y tienen la autoridad en la casa y en familia, los menores son los subordinados que acatan sus órdenes. No debe ser de otra forma.

 

 

  1. Los menores respetan y obedecen a sus maestros y a todo adulto que esté a su alrededor.

 

 

  1. Los menores aprenden de los mayores la resolución de conflictos, el trato con sus semejantes, hábitos de higiene, de salud y de convivencia armónica y sana.

 

 

Por ello, si vemos o tenemos hijos intolerantes, abusivos, irrespetuosos o flojos, eso es resultado de LO QUE HEMOS PERMITIDO. Hay padres o madres que dicen haber hecho lo que les tocaba hacer para cumplir con su encomienda al formar hijos, pero tienen hijos indisciplinados que no logran controlar, por lo que se engañan a sí mismos. Es sumamente importante no confundir ni justificar ausencia de límites con proteger, cuidar o sobreproteger a los hijos. Insisto, basta recordar cómo fuimos formados por nuestros padres con reglas, límites y disciplina.

 

Si no somos capaces de formar hijos responsables de sus actos y de sus palabras, entonces no tendrán los elementos necesarios para afrontar las situaciones que la vida les depare y se volverán una calamidad para sus padres. Es lamentable y triste ver cómo hay niños y jóvenes que se pierden a sí mismos, sin valorar lo más valioso que ya tienen que es la vida.  

 

Dada la etapa que viven, los hijos sienten y piensan que nada los enferma, que nada los mata o vulnera, es decir, se piensan inmunes, inmortales e infértiles. Sin embargo, nada de ello son y nos corresponde a los adultos estar a su lado para ayudarles a ver la realidad, evitando errores muy probables en esta etapa.

 

Fuerte error es pensar que el hijo entre 12 y 19 años, al no ser niño ya, es capaz de tomar decisiones por su cuenta, pues ese hijo aún se encuentra en formación, su personalidad no ha madurado todavía. Amar a un hijo es educarlo en valores, es formarlo con hábitos positivos que le ayuden a realizarse como persona en sus diferentes ámbitos en esa búsqueda constante de ser feliz, pero sin atropellar a otros.