Los hijos están formados a imagen y semejanza de los padres, no hay duda. En nuestro país, a la mayoría de la gente no le apetece leer; sin embargo, cuando se logra percibir los beneficios que ofrece el hábito de la lectura, puede ser que haya mayor interés.

 

Cuando mis hijos eran pequeños, les leí numerosas historias clásicas que les permitían imaginar escenarios, personajes, situaciones, problemas, soluciones, aventuras y más. Fue fascinante disfrutar juntos de todo lo que puede generar el contenido de un libro. Era un deseo impostergable de leer, leer y leer, todas las veces que fuera posible, pues cada lectura necesariamente constituye un viaje que se comparte y enriquece cuando papá y/o mamá leen con su hijo o hijos. Un recuerdo que tengo grabado en la memoria es aquel cuando leí Juan Salvador Gaviota (Richard Bach) a mi primer hijo, estábamos muy emocionados y motivados al concluir la lectura. Era una sensación de puedo volar, quiero volar, no tengo límites, yo lo puedo todo. Sublime sensación que se coronó cuando mi hijo me dijo: “Yo quiero ser como Salvador Gaviota”. ¡Ah! Vuelvo a sentirme emocionada como en aquel momento.

 

A través de la lectura, es mucho lo que se comparte: visiones acerca de la vida, sueños, ideales, opiniones, reflexiones, diferencias, coincidencias, etc. Leer en familia puede ser una excelente forma de comunicarse, sobre todo en casos en que la comunicación no fluye satisfactoriamente por alguna causa.

 

La lectura compartida se disfruta siempre que haya una relación respetuosa entre quienes participan; es decir, en este caso, los padres se abstendrán de juzgar, reprobar o reprochar e incluso de pelear, ya que todo ello arruinaría todo propósito positivo. A los padres (mamá y/o papá) nos queda llevar la mejor relación posible con nuestros hijos, pues las vivencias derivadas de reír, platicar, cocinar, hacer aseo, leer o jugar juntos, entre otras actividades, serán los recuerdos más gratos que formarán parte de nuestras vidas.

 

En este contexto, se les enseña a los hijos a disfrutar momentos familiares gratos de cercanía. Aunado a ello, la lectura ayuda a mejorar la ortografía y la redacción, a ampliar el vocabulario y, principalmente, a ampliar el conocimiento de nuestro mundo. Esto es, desconocer menos, civilizarnos más, superarnos a nosotros mismos, ampliar nuestro criterio, entender que hay diversos enfoques de ver la vida y con ello, desarrollar y aplicar el respeto por lo diferente. De esta forma, los padres debemos estar de acuerdo en no coincidir en todo con nuestros hijos, pues ellos son individuos completos que piensan y sienten por sí mismos. Además de que viven etapas que los padres ya pasamos en otro contexto diferente al suyo.