A veces solemos heredar creencias sin darnos cuenta. Hay quien piensa y afirma que “La vida es un valle de lágrimas” o que “A esta vida vinimos a sufrir”, pareciera que somos mártires y que nos toca vivir lo peor o que nada bueno hay en la vida; sin embargo, la realidad es muy distinta y debemos aprender a valorar aquello que se nos ha dado.

 

Tener vida, salud, casa, alimento, agua, ropa, amigos, familia y/o pareja, implica tener mucho, muchísimo qué agradecer. Por costumbre, las personas somos dadas a renegar deseando más de lo que tenemos, cuando lo cierto es que somos afortunadas por tener mucho. Escuchamos que alguien se queja y pareciera que competimos por ver quien se queja más o ha sufrido más. Ante ello, nuestros hijos estarán observándonos todo el tiempo, y es así como reproducen las mismas conductas, actitudes y hasta las mismas frases y expresiones faciales.

 

Cuando no queremos responsabilizarnos por las cosas o situaciones que no van bien, es común “Echarle la bolita al de al lado”, pues pareciera que así se resuelve el problema, no obstante sólo se evade.

 

Por el contrario, si somos agradecidos por lo que tenemos, si valoramos a quienes tenemos cerca, si tenemos una actitud personal positiva, si reconocemos en nosotros mismos y en los demás sus virtudes y potenciales, si cada amanecer lo recibimos con fe y esperanza, si disfrutamos la vida en vez de padecerla, entonces también todo eso es lo que nuestros hijos van a imitar.

 

Diariamente recibimos mensajes de aliento en el celular a través de las redes sociales, poesía, chistes, reflexiones van y vienen todos los días. Al respecto, sería conveniente preguntarnos qué de ello podemos y debemos aplicar a la vida cotidiana para ser mejores personas y crecer como seres humanos, seguramente hay mucho que nos sería de utilidad.

 

Cabe reiterar que: “La palabra convence, pero el ejemplo arrastra”. Como padres podemos auto examinarnos a través de la observación de las conductas, hábitos y actitudes de nuestros hijos, seguramente ellos habrán copiado mucho de nosotros.  No sirve de nada negarlo o defenderse para justificarse, lo útil e importante es tener el deseo e interés de corregir aquello que no hemos hecho bien y darnos la oportunidad de mejorar el ejemplo que hemos proyectado.

 

Mucho de rescate de valores, debemos ejercer cada día al interior de los hogares y de las familias, pues sólo así tendremos una mejor sociedad, más civilizada y justa.