Una y otra vez soportó la lluvia de golpes e insultos en su partido hasta que llegó con Mena al PRI la tregua de la razón por la violencia

 

Me parece que Anabell Ávalos Zempoalteca, llevó su quehacer político hasta el punto en que no pudo seguir ocultando una realidad que comparte con un enorme número de paisanas suyas: ha tenido que sobreponerse a la violencia de género, al acoso, al clasismo, a ser etiquetada como una persona sin el derecho de aspirar al triunfo por el solo hecho de ser mujer, de ser morena, de auténticos rasgos tlaxcaltecas.

 

¿Por qué su crecimiento político habría de detenerse abruptamente al haber superado la prueba de encabezar al ayuntamiento más importante del estado?

 

Es que Anabell superó al nivel en el cual la brutalidad de seres como Mariano González Zarur, decidía si le era factible seguir, o bien si habría de agachar la cabeza, bajar los hombros y aceptarse como el ser vulnerable de la política sin más oportunidades que las ganadas a costa del maltrato físico y de insultos inenarrables.

 

Y a pesar de esa lacerante realidad siempre se levantó. Colocó un poco de maquillaje donde había huellas de violencia y se ha sobrepuesto al terror de la superioridad física y la impunidad a través de la cual, quien se arrogó el derecho de decidir quién sí y quién no en el PRI, tendría que ceder ante el inexorable paso del tiempo.

 

Y sucedieron dos hechos extraordinarios.

 

Primero, el liderazgo de su partido lo tomó un personaje, Marco Mena Rodríguez, perteneciente a una nueva generación de la política, con conocimiento en vez de fuerza bruta. Sabedor que la tendencia hoy no son ni los golpes en la mesa, ni en la cara de las mujeres, sino la búsqueda y el hallazgo de una fórmula para enfrentar con solvencia a Lorena Cuéllar Cisneros en las urnas tras doce años de campaña.

 

Pareciera que la aridez discursiva y el engaño de impulsar a una descendiente de la familia más opulenta de Tlaxcala, claramente identificada con la marca conservadora y reaccionaria de Joaquín Cisneros Molina, secretario particular del presidente Gustavo Díaz Ordaz, son los méritos que el presidente y líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, ha visto como la oferta de Lorena Cuéllar para desarticular a un priísmo tlaxcalteca ávido de una causa para defenderla dando una batalla sin tregua en la elección de 2021.

 

A Anabell le ha tocado el turno de desprenderse del mecanismo simulador que cíclicamente intenta el retorno de los hacendados que en su momento se repartieron el territorio con todo y habitantes.

 

Y miren que la Gobernanza en el discurso de Mena es la tregua histórica para sacudir el yugo claramente representado en la violencia física y moral en la misma humanidad de quien hoy vemos reclamar el derecho a ser la abanderada del PRI, en una alianza con partidos como el PRD, el PAC, el Socialista, y los grupos conscientes que únicamente con un movimiento de esa envergadura podrían ser competitivos contra la fuerza avasallante de Morena y su propuesta conservadora con una bandera falsa de Izquierda progresista.

 

Bueno, ya les tocará hacer un reparto justo de un gobierno de coalición, pero primero tienen que ganarlo.

 

Y saben que el tricolor solo no puede contra Morena.

 

Están conscientes que deben apoyar una causa, lo suficientemente robusta para identificarse con ella. ¿Les parece poco la de una mujer que se ha levantado una y otra vez, ha limpiado la sangre por las golpizas del tirano y renovado su lealtad al tricolor?

 

Anabell estaría venciendo al enemigo en casa.

 

Tal como ocurre al interior de tantas familias tlaxcaltecas, donde las mujeres guardan el silencio cómplice que alienta a su compañero a seguirlas golpeando hasta acabar con ellas.

 

Yo creo que por eso Beatriz pudo haber tendido lazos solidarios a Anabell, en tanto un claro mensaje de condenar la misoginia.

 

Y permitió a Cesar Carvajal redondear en la fiesta de La Noria un claro mensaje al golpeador Mariano González. Algo así como: “no te tenemos miedo”.

 

Francamente no creo que el tricolor tuviera la mínima oportunidad de triunfo a través de los gritos y sombrerazos del hacendado cuya presencia en la política fue definida por su tendencia a los golpes y no a la razón.

 

A esto lo veo como un momento muy, muy importante para el PRI, porque al romper las cadenas que condenaban a la violencia a toda o todo militante con aspiraciones, abriría la puerta a un verdadero movimiento social y cortaría el dedo arbitrario e intransigente de un Mariano a quien no le quedará de otra que sumarse o mantenerse en una larga cuarentena política.

 

La causa

¿Les parecerá insuficiente a priístas, orticistas, perredistas, y demás grupos afines impulsar la propuesta de una sobreviviente del machismo?

 

¿Será capaz Anabell de seguir ocultando la evidencia de la política violenta que la marcó en su desempeño?

 

Bien podría ser una activista que defienda los derechos de las mujeres, de los indígenas, de los pueblos originales, de las familias rotas por la violencia, de las víctimas de la manipulación familiar donde los abusos se tapan con manotazos en la mesa.

 

Pues la Ávalos sobrevivió a esa violencia.

 

Tal vez lo que necesite es hacer un par de ajustes en la manera como ve al quehacer político y no solo apostar por una gubernatura ganada defendiendo causas justas y combatiendo al machismo, sino una presencia nacional e internacional de una víctima de la violencia que pudo levantarse y seguir.