Cuando el cólera –una enfermedad del pasado que se propaga por falta de higiene- surgieron innumerables firmas dedicadas a purificar el agua, envasarla, distribuirla, y hacerse millonarias.

 

Aseguran que el virus del COVID-19 proviene de los murciélagos

Hoy, un garrafón de Ciel, la marca de Femsa, cuesta unos 37 pesos. ¿Sabe cuánto pagan a Tlaxcala por explotar varios pozos en Apizaquito? ¡Nada!, y la concesión es por cien años.

A finales de los noventa cubrí la crisis del cólera. Saltaban las cepas entre Tehuacán e Izucar de Matamoros. Había pánico. Recuerdo las crónicas que narraban como una señora prácticamente se vaciaba luego de ingerir un vaso de agua de sandía. Lo peor es que le ocurrió en el autobús rumbo a Izucar.

 

En comunidades de la Sierra Negra ocurrió que las galerías filtrantes (unas cuevitas por donde corre agua de manantial), se contaminaron con descargas de agua negra. Quienes vivían en tierras más bajas resultaron enfermos. Y sí varios perdieron la vida.

Hoy, el coronavirus destroza las economías y apanica a millones.

 

Puede que se trate de una presentación más de la gripa, esa que en 1918 dejó con 28 familias a San Pablo Apetatitlán, donde por cierto exitían alrededor de 234 familias. Así de cruda fue esa pandemia.

 

Fue parte de una dolorosa etapa que comenzó en el norte del país y se propagó hacia el centro y sur con una velocidad inaudita. Entonces aquí en Tlaxcala fallecieron 9 448 personas; 4 208 hombres y 5 240 mujeres, asegura una investigación realizada en 2003 bajo la firma de Netzahualcoyotzi.

De lo que nos debemos cuidar

 

Es muy importante saber que la propagación de los virus responsables de estas enfermedades. Se trasmiten por vía fecal. O sea, el manejo inconveniente de las heces humanas. Italia es otro país donde la falta de higiene hizo que en el siglo XIV, miles de personas perdieran la vida por enfermar de “influencia”, un terrible mal viral que ocasionaba sangrado de nariz, también causado por la contaminación fecal. A la influenza –así con acento italiano- también la conocieron como enfermedad púrpura, a propósito de los sangrados nasales.

 

Lo que nos debe preocupar es la necedad de incontables autoridades por descargar las aguas negras al río. He ahí el canal de contagio. Si alguien, como el hombre que dio positivo para coronavirus en la Ciudad de México, se contagió en Italia y la trajo al país, pues la cuenta con los medios de propagación.

No estaría mal que autoridades de todos los niveles dieran un informe detallado de las descargas al río Zahuapan, primero para darles la regañada de su vida por puercos, luego multarlos no sin antes obligarlos a cumplir con las normas sanitarias.

 

Si estamos ante una emergencia mundial con más de 90 mil infectados y poco más de tres mil muertos, no podemos tolerar esas descargas. Estamos expuestos al cólera, a la influenza, al coronavirus y a otros males como la disentería y otras enfermedades de la prehistoria simplemente porque no cumplimos con nuestras responsabilidades.

 

No demos la espalda a otro fenómeno. En nuestras comunidades existen personas metidas en la mala costumbre del fecalismo. Defecan en terrenos, en la barranca, atrás de su casa, en fin, no entremos en estos desagradables detalles.

Ahí necesitamos enviar las brigadas de la Secretaría de Salud.

 

No estaría mal quitarnos la venta de los ojos

 

Si por siglos la gripa nos ha enfermado, no quiero pecar de soberbio pero, me resisto a aceptar que el actual coronavirus sea el fin del mundo.

 

Sí, es una llamada de atención para no decaer en el nivel de vida. En los países asiáticos la productividad está por arriba de las familias. Así funcionan ellos.

Así nos pasaba aquí en México en el otoño de 1918, cuando el presidente Venustiano Carranza estaba ocupado día y noche en pacificar a un país donde villistas y zapatistas no cesaban en sus afanes revolucionarios.

 

No había dinero para comer. Menos para medicamentos e instalaciones.

 

Los hacendados de entonces importaban productos de Europa y los regalaban al gobierno para darlos a los pobres. A los ricos, advertían, hay que cobrarles.

Ciento dos años después

 

Hoy contamos con hospitales, médicos, enfermeras, dentro de un avanzado sistema de Salud.

 

Hoy, disponemos de medios de comunicación ágiles. Cualquiera es un cronista teniendo un celular en línea. En aquellos años, los periódicos más influyentes: El Demócrata, El Nacional y El Universal, solo llegaban a una élite que tenía para comprarlos.

 

Entonces no deberíamos apanicarnos. Porque de nuestro miedo se nutren las cuentas de grupos globales dedicados a medrar.

Sí, podríamos llamar a este tipo de crisis como las nuevas guerras.

 

Recordemos que Estados Unidos y China sostenían una tremenda disputa hasta la aparición del coronavirus. Y el gigante oriental se desplomó. Los malpensados rusos hasta han llegado a pensar que la CIA tiene metidas las manos en este problema. Quién sabe.

 

Para cuidarnos

 

Más vale cuidar a nuestros seres queridos. Estar pendientes de las recomendaciones de las autoridades, usar gel, no saludar de beso, estornudar con toda higiene, colocando un pañuelo que evite contaminar sobre todo sitios cerrados.

Tenemos la suerte de vivir en una época postmoderna. Hay medicamentos, hay manera de hacernos limpios y sobre todo, de exigir a las autoridades que cesen en sus odios grupales e ideológicos.

 

Esta crisis llamada VID-19 no nos va a doblegar. Ni habrá los 500 mil infectados, ni morirá el cinco por ciento de ellos, como ya comenzaron a vaticinar las aves de mal agüero.

 

A reserva de su mejor opinión, diría que es una más de las gripas quehostóricamente tanto daño nos han causado.