Muchos otros renunciarán, acobardados por cambiar de sede... esos dejarán vacantes para gente con ganas de trabajar

 

La descentralización es una represa cuyas compuertas muchos insisten en mantener cerradas. Pero de aquí a diciembre veremos qué tiene más fuerza: la falta de voluntad de miles de burócatas habituados al hacinamiento en la ciudad de México, o la indiscutible decisión de quién llevará las riendas del país por los próximos seis años.

 

Y este momento ha permitido aflorar incluso el desprecio a Tlaxcala, sentido por hombres y mujeres llenos de prejuicios, de lengua hiriente y reacios al cambio.

 

Por eso la mudanza de la Secretaria de Cultura, tendrá varias fases:

 

  1. La renuncia de quienes, opuestos a desplazarse preferirán quedar desempleados que cambiar de sede. Sin querer, esta será una interesante depuración que dará oportunidad a otros profesionistas, con la preparación suficiente y el derecho de ocupar esas potenciales vacantes.

 

  1. La llegada -recuerdan los sismos de 1985?- de cientos de nuevos vecinos, dispuestos a adaptarse a las nuevas circunstancias que les ofrezca un estado pequeño, pero donde se vive bien. Ellos serán bienvenidos a una nueva vida, con distintos amigos, nuevos conocidos, pero en esencia con la orden de administrar con honestidad y eficiencia los recursos destinados a las distintas disciplinas y actividades que conforman el ámbito cultural de la República.

 

  1. Dónde van a vivir? Ese es uno de los retos que habrán de enfrentar autoridades y empresarios. Miles de casas aguardan ser adquiridas, sobre todo en la zona limítrofe con Puebla. Fueron construidas con una velocidad admirable. Otras tantas habrán de ser edificadas en el contexto de reactivación de la economía. Construir genera venta de terrenos, materiales, traslados, alimentos. Como ven la mudanza no será tan simple. Al contrario.

 

Si en el sureste tienen al Tren Maya para reactivarse, aquí será dónde acomodar a la burocracia, donde alimentarlos, venderles ropa, y dotarlos de los servicios necesarios para subsistir.

 

Claro que esto dará un nuevo rostro a la región. AMLO lo llama La Cuarta Transformación.

 

No deja de haber obstáculos y resistencias, pero los treinta millones de votos registrados en julio de este año, describen cambios imparables que pueden ser parte del despegue de México, alejado de las ofensivos comportamientos y notorias diferencias en ingresos entre quienes formaban parte de la corte cínica, gastalona y sustraída de la realidad vigente en otras latitudes de nuestro vasto país.

 

Mena, y Ávalos con AMLO

 

Han tenido la virtud de romper las filas de la inacción basada en prejuicios de carácter partidista.

 

Creo que el mandatario estatal se basta para sostener una relación directa y fluida con Andrés Manuel, sí con la intervención de Lorena Cuéllar, pero más cómo servidora del nuevo régimen que, cómo fenómeno electoral -financiada por Moreno Valle, pero beneficiada con el efecto AMLO- y auto denominada la "gobernadora federal". Tarde o temprano pondrá los pies sobre la tierra.

 

Por el lado de Anabell Ávalos, no hace falta decir mucho. El senador José Antonio Álvarez Lima - sin duda en la burbuja del tabasqueño- habrá de hacer un esfuerzo sobrehumano para que su estado, y principalmente la Capital, no quede al márgen de la Cuarta Transformación.