A la dupla Cuéllar-Rivera, se suma el apellido Silva, de la empresaria huamantleca que vivió un infierno a manos del hoy poderoso senador panista Rafael Moreno Valle.

 

Al paso de las semanas Morena muestra una perspectiva menos limitada en la carrera por suceder al actual gobernador, el priísta Marco Mena Rodríguez.

 

Era casi inevitable voltear a ver a la diputada Lorena Cuéllar, emplazada por la administración de AMLO para dejar San Lázaro y asumir como coordinadora de proyectos de desarrollo, "gobernadora federal" dijo ella misma en lo que al paso de los meses se convirtió en un terrible resbalón, pues la volvió a mostrar voraz y perversa, incapaz de contener las ganas de afianzar su multimillonaria hacienda, en su mayoría, herencia de su abuelo, de los grandes beneficiarios del régimen de Gustavo Díaz Ordaz.

 

Solo faltaba sumar su singular costumbre de incumplir compromisos asumidos con grupos y personajes que ha usado y desechado, para describir de cuerpo entero a quien necesita competidores al interior del Movimiento para no caer en los mismos esquemas a lo largo del país, de  camaleones, con fortunas ofensivas y a la vez estrategas de proyectos personales utilizando al partido de López Obrador.

 

Rivera, no es la única

 

La senadora Ana Lilia Rivera es el otro lado de la moneda. A diferencia de Cuéllar, la calpulalpense es dueña de un discurso inagotable  con sólidos argumentos de la Izquierda.

 

Radical, poco interesada en ganar popularidad y con un discreto perfil que se ensancha a la hora de explicar la causa de López Obrador, la legisladora es uno de los desafíos más robustos para Lorena, cuya obsesión por hacerse gobernadora de Tlaxcala carece de cualquier límite.

 

Un nuevo rostro

 

Encarcelada por el régimen morenovallista, que debió dejarla libre al no comprobarle responsabilidad de hacer fortuna con recursos de procedencia ilícita, la huamantleca Dulce María Silva, es una de las víctimas del poderoso ex mandatario poblano a quien por cierto el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) podría asestarle un devastador golpe anulando la elección de su esposa Martha Éricka Alonso.

 

Dulce Silva es esposa del poderoso asesor de AMLO, César Yáñez, leal y constante hombre de confianza del hoy presidente electo, a quien el fiscal Carrancá, de Moreno Valle grabó y exhibió pidiendo clemencia por la empresaria tlaxcalteca, cuya peor falta fue ser propietaria de un valioso predio en la zona de Angelópolis, del cual la quisieron despojar a la mala, cómo muchos de los negocios turbios del hoy miembro de la bancada panista en el Senado.

 

Empresaria, un rostro nuevo en el abanico de Morena y con la la rúbrica de César Yáñez cómo solidario fiador en un proyecto imposible de fraguarse en un contexto de errores: la próxima gubernatura de Tlaxcala, Silva ha desplazado sin siquiera proponérselo a la inquieta Lorena Cuéllar, determinada a demostrar que los números positivos de AMLO en esta pequeña entidad federativa la tuvieron a ella en un primer plano, y a todos los demás -incluyendo a Andrés- en un papel secundario.

 

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