Pero los meses pasan y lo único que podemos hacer es ver cintas que prohíben el paso, o andamios cubiertos con las heces del abandono

 

Esta mañana dos sismos -uno de 4.1 y otro de 5.9- nos recordaron que habitamos en una tierra en constante movimiento.

 

Y también con altísimos grados de morosidad oficial. Nada más hay que mirar la Parroquia de Ocotlán, revestida por un enorme andamiaje que ya se quedó como parte del decorado.

 

Lo malo es que esa infraestructura no es gratuita. No quiero ni pensar que los atascados responsables las hayan dejado como parte de una maniobra millonaria, pues Ocotlán no es el único templo en estas condiciones, generando una renta mensual en calidad de inservible.

 

Aún peor se encuentra la Parroquia de San José, rodeada por cintas que prohíben acercarse pues podría caer, pero ni la reparan ni la demuelen, es decir únicamente la mantienen como el monumento al riesgo latente.

 

Esperamos que el INAH, o Protección Civil, o la instancia encargada de estos trabajos, tengan la decencia de informar la situación real de dichos edificios y muchos más, ahí sosteniéndose en pie ante la apatía de autoridades pero expuestos a movimientos telúricos como los de esta mañana.

 

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