Seguir con el mismo saqueo nos encaminaba a la desaparición

 

Es que la transformación a la que alude AMLO era inaplazable. Nos acostumbramos a ser pésimos administradores, mientras el país navegaba con rumbo a la isla del fracaso.

 

Millones de pesos para retacar de invitados (viles gañotes) el avión presidencial... entre champán y caviar, entre los mejores tequilas y los quesos más caros del mundo. Estos gastos brutal es han generado beneficio cero para el país, pues el Ejecutivo se daba vida de rico mientras la Patria se debatía entre matanzas y desmantelamientos.

 

Mientras ello ocurría, ahí tienen ustedes a cientos de agentes del Cisen, elaborando complejos informes para hundir a Ricardo Anaya o acompañado a AMLO al cine, en fin dilapidando los escasos recursos que nos quedaban una vez cubiertas las pensiones de expresidentes y los salarios de miedo de senadores, diputados, ministros, integrantes del INE, partidos políticos.

 

Nos pintamos solos para inventar eficaces formas que nos hundan en la mediocridad de una economía sin bienes, porque también gastamos millones en convencer a los líderes políticos con signo de pesos en sus glúteos, para aprobar un Pacto por México, que nos reformó... sí, nos dejó con una mano adelante y la otra atrás, sin petróleo, sin gas.

 

Todo ello ocurría y los empresarios más poderosos no pagaban impuestos. En cambio exprimían con saña a sus deteriorados clientes.

 

Nos asaltaba la prisa por lanzarnos al abismo.

 

Con razón el uno de julio el pueblo renunció con su voto a esa vida desordenada, canalla, irresponsable.

 

Nos hemos dado cuenta que esos recursos tirados con saña nos hacían falta para construir el andamiaje que, nos dé la calidad de potencia mundial porque créanme, en ningún país rico se tolera semejante dispendio.

 

Hoy sabemos que el Cisen va a desaparecer en tanto herramienta de espionaje para librar de sus opositores a un gobierno chafa.

 

Pero ninguno de sus integrantes será despedido.

 

Pues hace falta su labor de inteligencia para descubrir a los jefes del crimen organizado, culpables del desquiciante número de policías asesinados en fechas recientes.

 

Cierto, el avión presidencial tiene que venderse. México ha pagado a la fecha casi 180 millones de pesos para cubrir el crédito por el cual se adquirió un aparato cuyo costó al día de hoy incrementó poco más de diez por ciento.

 

Es el ejemplo más claro de la irresponsabilidad. Ya pagamos millones y no hemos descontado un centavo al precio de la nave, llamada José María Morelos.

 

Dónde tenía la cabeza Felipe Calderón para hacer ese gasto. Qué cosa corre por las venas de Peña Nieto para retacar de gorrones la aeronave y, por ejemplo ir a hacer el oso a Alemania. En la reciente visita de Estado, los pasajeros del Morelos se pasaron el protocolo por el arco del triunfo y exhibieron sus más relajadas actitudes. De ello hay mil testimonios.

 

Por fin comenzamos una etapa, muy dura, de resaca tras las juergas sexenales como resultado del peor saqueo de la historia. Ni españoles, ni franceses, ni estadounidenses lograron un botín tan escandaloso.

 

Con razón preferimos migrar a los Estados Unidos o a Europa. Allá no tenemos que ser testigos mudos del comportamiento de bichos como Videgaray, Nuño, Javidú y esposa y toda esa fauna encargada de hacernos miserables, y no conformes con ello, provocar cientos de miles de muertes y desapariciones.

 

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