Tomás Tuxpan, presunto primo de Arnufo Tuxpan (hijo del dueño de la camioneta y la concesión) ingería con este y un tercer acompañante, generosos tragos de licor, al grado de embrutecerse y causar la muerte de seis personas en aquél horrible accidente registrado la tarde del sábado siete de julio, a escasos metros de la presidencia de comunidad de Acuitlapilco.

 

Tomás, el individuo al volante fue asegurado por policías estatales al estar a punto de ser linchado por testigos enardecidos al presenciar semejante tragedia.

 

Quién iba a pensar que lesiones causadas al responsable por aquella multitud serían aprovechadas por su abogado para alegar violación de sus derechos humanos (le sumieron dos costillas, incluso está hospitalizado) ante un juzgado federal y así conseguir una suspensión provisional (especie de amparo), contra lo cual nada pudo alegar la jueza local Angélica Aragón Sánchez, quien lo dejó en libertad.

 

Esto tiene indignados a miles de usuarios del servicio público entre Puebla y Tlaxcala porque, cuántas veces hemos visto impotentes la conducción salvaje e irresponsable de tipos como los primos Tuxpan, afectos al tequila y desafiantes a la condena de aquellos que insisten en manejar tomados, a veces a niveles extremos.

 

La secretaria de Gobierno reclamó esa libertad decretada y hasta anunció un extrañamiento al Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del Estado de Tlaxcala, al tiempo de anunciar que seguirá aportando pruebas para que Tomás, el chofer responsable del accidente no deje la cárcel ante la gravedad de los hechos.

 

Vemos con impotencia cómo un abogado consiguió la liberación del conductor alcohizado, e hizo a un lado las graves irregularidades, cómo el dar servicio fuera de ruta, el ingerir licor durante la transportación de pasajeros, incluso con sobrecupo, y cómo la Policía Federal de Caminos demoró hasta hora y media para presentarse al lugar del incidente.

 

Los abogados se mueven. Los líderes también. Y nosotros los usuarios, quedamos en absoluto estado de indefensión, unos porque ya están muertos. Otros porque solo nos queda ser testigos de tráfico de influencias y favores intercambiados entre poderosos.

 

Esto va a seguir. Tras la tragedia. Y las vidas que se perdieron serán una ofrenda a mediocridad de gobiernos federal y estatal ante esta caterva de influyentes y líderes de quinta.

 

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