Pero las tarifas se revisan constantemente, pese a ello, las unidades solo buscan atiborrarse de pasajeros, circulan sin seguro y ganan policías, agentes de tránsito, la delegada de SCT, los líderes transportistas y por supuesto la SECTE

 

¿Cuál es la diferencia entre un auténtico transportista y otro al que solo le interesa el dinero que produzcan sus unidades?

 

Seguramente el primero tiene muchos años en el negocio y le ha tocado abrir rutas, aguantar temporadas de vacas flacas y hasta ser socio de sus operadores –así como la tierra es de quien la trabaja, la cuenta es de quien recibe el dinero del pasajero.

 

Ah, pero el segundo ha ideado un sistema sorprendente: se la pasa convirtiendo en dueños híbridosa los que se dejen.

 

Consiste en fijar una cuenta, alta por supuesto, y obsequiar todas las responsabilidades al sujeto al volante. En lo sucesivo se hará cargo del combustible, aceite, composturas mecánicas y de hojalatería, de mantener limpia la unidad, que no dé asco abordarla y no hieda a infierno… en fin tendrá en sus manos una Toyota o Nissan o Renault, tratándose de las llamadas urvan, o un camioncito que ha evolucionado de aquellas unidades de carga adaptadas a medio transportar pasajeros.

 

La clave estriba en la cuenta diaria. Miles de pesos producto de reiteradas vueltas dentro o fuera de la entidad.

 

Entonces el propietario de la concesión se puede dar la gran vida. Sus horas laborales se limitan al tiempo de recepción de cuentas, que siempre serán las mismas puesto que así fue el convenio original. La unidad, en manos del operador tiene que producir, para liquidar su costo, pagar seguros y cumplir con las obligadas mordidas municipales, estatales y federales.

 

Y lo puede hacer porque hay otro componente en este pseudo sistema: los líderes transportistas, dedicados a lanzar un constante mensaje al gobierno: ¿me sancionas?... paralizo al estado, porque somos muchos y al primer llamado, nos colocamos en cruces, accesos, pasos a desnivel. Y nadie pasa.

 

En esto se convirtió el transporte público en Tlaxcala. No todo, pero sí en el que caben unidades como la que el viernes anterior cobró la vida de cinco personas (cuatro en Acuitlapilco y una más al ser atendida en el hospital) todos ellos de Santa Cruz Quihletla.

 

Los operadores pueden decidir a qué hora se bajan para ir a descansar, a tomar un baño, a beber unas cervezas, para eso existen postureros, un subgremio atento a las necesidades de los operadores. Y como no hay paraderos con baños, como los choferes tienen que parar a la vera de la carretera para practicar fecalismo en algún lote baldío aun llevando pasajeros, pues los postureros son indispensables en la vida cotidiana de los transportistas en acción.

 

¿Tienen los postureros licencia, están capacitados, los obliga algún tipo de contrato? No.

 

¿Saben los dueños de concesiones y unidades de su existencia y lo toleran? Si.

 

Es parte de los convenios no escritos que resultan en un mundo de corrupción, donde el policía municipal se hace presente en paraderos como la 20 de Noviembre, en pleno corazón de Tlaxcala (y así en todo el estado) a recibir una cuota de cada uno de los choferes, sean operadores de planta o postureros.

 

¿De qué otra manera participan los municipios en este desorden? Pues hay que mirar hacia Antonio Carvajal, donde el ayuntamiento tolera y hasta fomenta la apertura de changarros dedicados a vender cartas de radicación u otro documento necesario para ablandar –previa lubricación a los engranes- a los jetones o jetonas receptores de multas o responsables de trámites en Finanzas, o Secte.

 

He ahí donde se la viven los líderes transportistas: el grotesco Indalecio Saucedo, o Hugo Salado (quien se burló de pasajeros que perdieron la vida en Ixtacuixtla… “ya se murieron, ¿y ahora qué?”.

 

Y viene la pregunta más importante de todas: ¿Y a los pasajeros qué papel les toca desempeñar en este desorden? Pagar por recibir un servicio propio de alguna provincia pobre y sin autoridades.

 

1. Se confirmó que la concesión de la unidad que mató a cinco personas en Acuitlapilco pertenece al ex diputado local Ranulfo Tuxpan Vazquez.

 

2. Suponemos que en este momento verifican si eran vigentes las pólizas de seguro para poder prestar el servicio. De lo contrario, el titular de la concesión y su empresa tendrán que apoquinar de su bolsa para cubrir las indemnizaciones que por ley deben entregar a los deudos de los desaparecidos.

 

3. Las personas menos pensadas son dueñas de concesiones, adquiridas durante su estancia en el poder. El diputado equis, el ex gobernador ye, la secretaria fulana, todos ellos tienen una o decenas de placas, para sacar los gastos verdad, no vaya a ser que los afecte la pobreza de las mayorías en Tlaxcala.

 

¿Qué sigue?

 

Así, con la vehemencia del discurso del gobernador Marco Mena, coscorroneando a los desleales, flojos y cínicos en su administración, refundar el sistema de transporte público.

 

Exigir a la holgazana directora del Centro de la SCT hacer una revisión diaria de la validez de las concesiones, la vigencia de los seguros y el respaldo de las licencias. Con el respeto debido, esta funcionaria es un muñeco de aparador, dedicado a aglutinar cantidades estratosféricas de dinero en esto que resta de su año de hidalgo.

 

Fincar responsabilidad al alcalde de Apetatitlán por la abundancia de changarros con venta de documentos apócrifos. Ahora resulta que el municipio de los veintiochos (así lo llaman porque en una crisis de gripa, hace muchos años, solo quedó ese número de familias en este asentamiento) es campeón estatal en corrupción. A sí, ya sabemos que los municipios gozan de autonomía, ¿para robar, para ser cómplices de escenas que devienen en tragedias?

 

Fajarse los pantalones para enfrentar a la plaga de coyotes –en su momento se convierten en mapaches- a las órdenes o en contubernio con los líderes transportistas, dedicados por su lado a inventar nuevas formas de amedrentar a la administración estatal: me infraccionas, te paralizo el estado.

 

Esa frase es la extorsión más desgastada.

 

Antes funcionaba porque servía para cobrar los resultados electorales a favor del PRI. Pero ahora los líderes perdieron esa prerrogativa. ¿Acaso se pasarán a Morena? No creo, dicen que el nuevo Congreso viene incorruptible. Tampoco creo.

 

Lo que sí aseguro es que los usuarios estamos cansados de ser tratados como pasajeros de quinta clase, aunque nos cobren como de primer mundo.

 

Que así como el primero de julio la participación ciudadana logró una verdadera Revolución sin violencia, los usuarios somos capaces de organizarnos para obligar a dueños, operadores y autoridades, a cumplir con su obligación, porque las concesiones no son bienes patrimoniales para beneficio de los titulares sino la oportunidad que da el gobierno, federal o estatal, para que los particulares participen en la prestación de un servicio, de manera responsable, eficiente y con tendencia social.

 

El cambio en la Segob


Caray, hasta dónde habrá calado la partida del hijo de Tito Cervantes que, ha optado por retirarse del servicio público. Nuestra solidaridad con él.

 

Bienvenido al nuevo secretario. No la tiene fácil. se acabaron los tiempos del partido hegemónico. Al contrario, hoy tiene un Congreso en contra y el sentimiento de la población a flor de piel.