Cientos de burócratas desleales hacen maletas, año y medio impusieron condiciones marianistas hasta reventar al gobernador en turno.

 

A cientos de marianistas les retumbó en la cabeza el anuncio de Marco Mena; ya se van por chuecos, ineficientes, por malas entrañas, porque a estas alturas del gobierno siguen rindiendo cuentas al ex gobernador Mariano González, y al mismo tiempo se esmeran en en derruir la cimentación de este régimen.

 

"Vamos a dejar atrás, en definitiva, actitudes patrimonialistas, aspiraciones dinásticas o de apellidos o linajes como criterio", dijo Mena está mañana en el Centro de Convenciones, ante una entusiasmada clase política.

 

Año y medio de soportar a los desleales, como el oficial mayor y al mismo tiempo coordinador de la campaña de José Antonio Meade. En eso mucho tuvo que ver el protagonismo del ex mandatario estatal, vendiendo a la cúpula tricolor méritos allende sus capacidades. No es tan bueno para operar como si para elogiarse en boca propia.

 

Siendo monumento al culto personal, sembró en sus subordinados las eses de su éxito (sumarse, sumarse y sumirse). Y también se habituó a ese trato.

 

No le pasó en su dura testa que en el feudo hay otro Señor, así como él lo fue, con planes e intereses. Y aquí se elucubró afianzado al marianato que, viviría lo mismo que la ilusión tricolor, factor non de la caída estrepitosa del uno de este mes. Aún así le regaló año y medio.

 

Sus gordas secres y vaquetones contadores... sus delegados y directores; sus malévolos técnicos dedicados a desmoronar está administración, pusieron hasta la madre al actual. Lo hicieron reventar.

 

La consingna facciosa era perjudicar en obra, compras, adjudicaciones, atención al público.

Y sepultaron aquello de la Gobernanza. Provocaron un cambio notorio: "No voy a tolerar la falta de compromiso en el desempeño de la función pública.  Tampoco, desgano ni falta de resultados.  No voy a permitir ni la indiferencia, ni la apatía, ni la deslealtad", anunció.

 

Ya caigo. La medida era el éxito o fracaso de Mariano chico. Y en ese PRI paralelo, alentado por manchis, mermó lo que pudo ser una campaña competitiva, no rota cómo se encargaron de hacerlo los manchisubordinados.

 

Se están yendo al diablo. No hace falta destacar el bloqueo, como hace poco pasó con las placas vehiculares. Luis Miguel, el oficial mayor se encargó de demorarlas hasta que reventó a los causantes.

 

Lo mismo pasó con los pagos digitales. Las multas llegaban a la fauna marianista tras estúpidos escritorios, y obedecían a criterios deleznables.

 

Si Tlaxcala pudo ser electoralmente competitiva, se encargaron de impedirlo.

 

Hay que profundizar en el papel sobrado de Anabel Alvarado. Poco le importó avanzar. No sé si en su incierto destino la siga acompañando Manuel Camacho.

 

He ahí la ambigüedad materializada, parte de su fuerte discurso.

 

Se encargó de reunir a la clase política. Se apoderó de ella. Despojó a manchis de ella. Provocó nutridos aplausos, y dio esperanza a quienes lo apoyaron, y quedaron al margen, debido a las lapas del compadre de Rafael Herrerías.

 

Para Mena el tiempo apremia. El PRI en tanto puerto seguro para su régimen se disipó.

 

A Peña Nieto le queda de aquí al uno de diciembre. Andrés Manuel lo tiene en sus manos.

 

Cómo ven ustedes que ante esta tragedia, cientos de burocratas laboraban a medio gas y hasta se burlaban de Marco Mena.

 

"No voy a permitir ni la indiferencia, ni la apatía, ni la deslealtad". Esa fue la advertencia de Mena

 

Al marianato le llegó su fecha de caducidad.

 

Y a Marco Mena le urge levantar al muerto en que se había convertido su turno a la gobernanza.

 

Ahora, a pensar en la sucesión... Lorena, Linda Marina, Ana Lilia?