Tiene el presidente Enrique Peña Nieto una forma tan sutil de comunicar las cosas que esta parecería la transición ideal, pero hay tanta destrucción y el saqueo ha sido de tal magnitud que de un momento a otro se va a romper el hielo.

 

El mundo entero se estremeció con la decisión tomada por los mexicanos, tan contundente que sin más alegatos, primero José Antonio Meade y luego Ricardo Anaya, reconocieron la amplia ventaja de Andrés Manuel.

 

Después lo haría el Bronco, y Felipe Calderón, y Vicente Fox, y Carlos Salinas de Gortari... y Donald Trump, y Nicolás Maduro.

 

El cambio arrancó. No sé cuándo pero llegará el momento en que las refinadas palabras serán sustituidas por expresiones claras respecto al universo de ineficiencias y reformas, benignas a los intereses de trasnacionales que han tenido en la respuesta casi unánime de los mexicanos una firme protesta a su voracidad.

 

No se trata de una modificación teórica. Es la respuesta natural de la gente para refrenar a los poderosos empresarios que no pagan impuestos, a las firmas que secan las entrañas nacionales y para ello han contado con una pléyade de colaboradores muy dispuestos a enriquecerse a su sombra.

 

En eso consiste la Cuarta Transformación. Es el contraataque de un tumulto mundial harto de ser despojado.

 

- ¿Por qué las migraciones son parte de cadenas de terror?

 

- ¿Cuándo idearon enjaular a niños migrantes?

 

- ¿A qué se debe el resurgimiento de la supremacía de un color de piel, y de priorizar al capital y al poderío armamentista?

 

El triunfo de López Obrador ha unificado criterios. Motivó llamadas tan inverosímiles en otras virtudes como la realizada anoche mismo por Ricardo Anaya.

 

Es que su significado es mucho más profundo que un proceso electoral.

 

Llegó la hora de cambiar esa actitud derrotista, en tanto antifaz de las furtivas maniobras para seguir saqueando el petróleo. Ese veneno retrógrado vulnerador de hechos históricos como el protagonizado por el General Lázaro Cárdenas.

 

Y la entrega de playas y manantiales y lo peor: de la dignidad de los mexicanos.

 

Así que en esta transformación de fondo es necesaria la colaboración de la gente porque no solo se trata del reemplazo sexenal.

 

Ayer mismo germinó el cambio en los medios, entregados por la riqueza al poder. Se humilló Enrique Krauze en horario triple A. López Dóriga tuvo que contenerse pese a la fortuna empeñada para sumarse al imposible triunfo de José e Meade. Igual pasó con muchos, ya obsoletos, opuestos a esta transformación.

 

Esos recursos dilapidados de formas mil, son los rostros de la corrupción. Es el recurso que hace falta para refrenar la pobreza agudizada por la sodomización pactada por la élite sometida.

 

Andrés Manuel la tiene muy compleja. El tsunami electoral lo mantendrá permanentemente concentrado en recuperar a México. Lo coloca en liderato de las economías emergentes.

 

Meter a la cárcel a los corruptos, confrontar a los criminales y parar en seco a las furtivas trasnacionales, esa es la trilogía que empezará por poner a Peña Nieto las peras a catorce. No son congruentes las finas formas demostradas anoche con la campaña permanente de saqueo y entreguismo a los interesados en conformar un nuevo orden mundial.

 

Y aquí en Tlaxcala

 

Tan a tiempo fue descubierta la sucia maniobra de Pepeluche que por órdenes del tlatoani -hoy en los cuernos de la luna- buscó los medios para zafarse de la sucia negociación que habría hecho con el PRI de Mariano para entregarle el Primer Distrito Electoral Federal.

 

Dicen que un interlocutor de muy alto rango fue instruído por AMLO para que el señor pepeluche se deslindara públicamente de toda relación con el ex gobernador de Tlaxcala porque, habría sido el negrito en el arroz.

 

Ahí tienen ustedes a Pepito de la Luz, echando pestes a Marianito, a quien no bajó de "bestia". Lo que me pregunto es: ¿Habrá devuelto el tesoro que, dicen, recibió a cambio de perder este distrito?

 

Vergüenza de diputados

 

Ninguno se reeligió. Por eso bloquearon a sus suplentes, no les permitieron asumir. En el medio de la política esto es el extremo de la mediocridad. Helos regresando con el rabo entre las patas, ¡a seguir legislando!