El gobierno federal emanado del movimiento de regeneración nacional (MORENA), impulsa una política pública de asistencialismo a jóvenes mexicanos de entre los 15 y los 29 años de edad. A través del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, el presidente de México prometió becas a jóvenes que estudien una carrerear universitaria y a jóvenes que ya no están estudiando o que ni estudian ni trabajan. Dicho programa dio inicio el pasado 9 de enero, con jóvenes que aún no sabes cómo será la entrega de dicho apoyo económico, ni donde serán canalizados; cabe señalar que desde hace aproximadamente cuatro meses inicio el registro al programa.

 

México no necesita de limosnas, nuestro país y principalmente la juventud de este merece empleos dignos y bien remunerados, impulso y soporte presupuestal a las universidades; las universidades públicas mexicanas sufren recortes y limitaciones financieras que impactan a la clase trabajadora de ellas y principalmente a los jóvenes en edad de estudiar una carrera y que no son aceptados, en muchas ocasiones no por falta de capacidad de los aspirantes, sino por la falta de recursos indispensables de las universidades para albergar la demanda.

 

Dotar por algunos años de un monto determinado a los estudiantes universitarios, sin duda ayudará a una estancia universitaria más desahogada, pero no resolverá la realidad de los miles de egresados universitarios que aceptan empleos que nada tiene que ver con su profesión, solo porque no hay de otra; sumándole que dicho empleo es mal pagado, y que si no estás dispuesto a percibir dicha remuneración entonces puedes renunciar pues atrás tuyo existe una larga lista de desempleados que están dispuestos a ser mal pagados y ocupar tu vacante.

 

Esta realidad en México impacta en el desenvolvimiento social, en las estructuras familiares, políticas y económicas; un joven con profesión en México teme al compromiso familiar, en gran medida no por gusto personal, sino por temor a no satisfacer las necesidades básicas y fundamentales de una familia. Los malos salarios, horarios laborales exorbitantes, inestabilidad contractual, etc. son factores que impactan en la forma de vida actual de una juventud habida de crecimiento profesional y personal. Considero que la solución a dicho problema, no se encuentra en programas de asistencia social, que por años se ha observado orientan más hacia el conformismo y la mediocridad que ser un aliciente de crecimiento y desarrollo.

 

Miguel Santiago Reyes Hernández, especialista del Instituto de Investigación para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana, señala que los recién egresados son los más golpeados por la precariedad y la pobreza; condiciones causadas por los bajos salarios y la oferta de plazas donde no se toman en cuenta los conocimientos o las competencias.

 

Según  la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), existen 15 millones de jóvenes, de 15 a 29 años de edad, que ya trabajan o realizan alguna actividad económica. Y de estos, refirió, 33% tienen licenciatura y 8% algún postrado, pero ganan entre uno y dos salarios mínimos; con ingresos de cinco mil 300 pesos mensuales. Estamos hablando de 41% de los jóvenes –equivalentes a seis millones 150 mil personas, menores de 30 años– con una carrera o maestría, que viven en condiciones de pobreza.

 

La juventud mexicana merece buenos salarios; salarios dignos de la labor o profesión que desempeña, no regalos ni migajas que a la larga se traducirán en padrones electoreros.

 

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