Abogado de profesión egresado de la UAT, también ha sido rector en dos ocasiones de esa institución educativa, en la que ha mantenido una fuerte influencia durante las tres últimas décadas. Originario del Estado de Oaxaca, se enraizó desde pequeño en Tlaxcala, donde realizó todos sus estudios en escuelas públicas locales, con lo cual logró adoptar la identidad tlaxcalteca.

 

De la mano de Beatriz Paredes Rangel, ocupó hasta cinco carteras diferentes en su gobierno (1987 – 1992), logrando con ello un perfil público sólido, a más de operador político-electoral, que al llegar a la presidencia municipal de Tlaxcala en el 2001, lo perfiló como precandidato a la gubernatura, ya entonces con una trayectoria también en cargos de representación popular federal.

 

Priista hasta entonces, al acercarse la sucesión estatal de Alfonso Sánchez Anaya, con Mariano González Zarur como senador y presidente del PRI estatal, Ortiz aspiró a la candidatura (2004) y se topó con la soberbia y arrogancia política de González Zarur, quien en una asamblea partidista manipulada con descaro, se hizo candidato.

 

Fue entonces que Ortiz Ortiz acudió al PAN nacional, donde a pesar de resistencias obtuvo la candidatura, misma que registró con aliados locales y partidos de poca monta política (PJS y PT), pero que le ayudaron a lograr impacto político-electoral con una estructura vinculada a su alma mater la UAT, y con una estrategia y operación electoral muy a su estilo: sumar, sumar, nunca rechazar.

 

La otra candidata, María del Carmen Ramírez (PRD) logró su propósito de ser candidata en un litigio electoral que se resolvió en la Sala Superior del Tribunal Federal, ya que el candidato inicial fue Gelacio Montiel.

 

Noticia nacional, fue entonces el impulso de una esposa como sucesora. Con el lema “Para recuperar el progreso”, Ortiz Ortiz se impuso a sus dos adversarios y logró la gubernatura en la elección más competida en la historia del país para ese cargo, con una diferencia poco menor a los 4 mil votos, confirmado el resultado por el TEPJF. Con lo que Tlaxcala logra una alternancia más ahora por la vía del PAN. Atrás quedaba una vez más el PRI; así como la intentona monárquica de sucesión con la esposa del gobernador saliente, hecho que se destacó entonces, ya que V.

 

Fox presidente, soñaba algo parecido con su esposa Martha Sahagún. Ortiz tuvo la fortuna política de ser gobernador con dos presidentes panistas, Fox-Calderón, lo que facilitó su virtud principal como gobernante: la gestión para atraer más recursos públicos a Tlaxcala, ya que fue entonces cuando más creció el presupuesto estatal y mayores transferencias se alcanzaron para una amplia diversidad de obras y servicios.

 

La más emblemática de ellas el Hospital Infantil de Tlaxcala, obra inicial del su gobierno, poco aprovechada por los siguientes (MGZ y MAMR).

 

Otra obra magna de final de su sexenio, fue la conmemorativa de gestas revolucionarias: la plancha y mole de concreto Plaza Bicentenario, que hasta el día de hoy es un monumento al desperdicio, al desprecio, al revanchismo e irresponsabilidad de una obra pública. Ortiz, como otros gobernadores, no supo preparar la sucesión con alguien que considerara a sus proyectos viables como desarrollo para el progreso, conforme a su slogan de gobierno, y con Calderón como presidente, este impulsó a su alumna política (Adriana Dávila) quien acumula diversos cargos de elección, pero no por mayoría, solo por representación proporcional.

 

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