Obra. Tenemos un proyecto para editarlos, anuncia Alejandro Toledo. También hay tres horas de grabaciones con las interpretaciones que hizo de los Nocturnos de Chopin, una serie de radioteatros caseros y las voces de Octavio Paz y Helena Garro

 

 

Francisco Tario (Francisco Peláez, 1911-1977) realizó durante los últimos años de su vida cerca de 200 dibujos eróticos, los cuales están inéditos y hay un proyecto para ser publicados, dice el escritor Alejandro Toledo.

 

Es una de las cosas que platica sobre Tario, ese autor que fascina por su prosa poderosa, sarcástica  y fantástica y por una personalidad extraviada en la historia. Alejandro Toledo también habla del libro Francisco Tario. Antología —editorial Cal y Arena, 596, pp.—, del cual dice “es una ventana para conocer la obra de este literato”.

 

Sin embargo, hablar de la vida de Tario, es situarse en el terreno de las aproximaciones y se le pregunta a Toledo: ¿Era más importante para Tario su obra, que ser figura él?

 

—Para empezar la palabra Tario, según José Luis Martínez, viene del purépecha y significa lugar de ídolos. Con ésta surge la invención de Tario. Francisco fue parte de una familia de comerciantes, cuyo negocio se llamaba La Casa Peláez, la cual estaba asentada en la calle de Mesones, en el Centro Histórico. Su padre quería que él se hiciera cargo de la tienda y, entonces, hubo una especie de negociación entre ambos, pero no funcionó. Aunque parece que Tario vivía en el Centro Histórico y posiblemente en el mismo edificio donde estaban los ultramarinos, a él no le acomodaba ser comerciante.

 

La Casa Peláez era uno de los primeros ultramarinos que hubo en la Ciudad de México. Tario no quería ser parte de esto y con el seudónimo toma su distancia de esta actividad y entra a un territorio nuevo. Pero sigue siendo un misterio en cómo se convierte en el escritor que hoy causa tanta admiración, sobre todo en los jóvenes. Hoy está en su mejor momento.

 

Al leer sus documentos personales lo que veo es que se trata de un muchacho deportista del siglo pasado. Juega de portero en el Asturias, se enamora de una chica muy guapa —Carmen Farell Cubillas— a la que conoce en el Club Asturiano. Además fue educado religiosamente y era un poco inocente. Es el periodo de 1930 a 1935. Después no se sabe cuándo perdió esa inocencia, lo que se traduce en su escritura.

 

En 1943 aparece de pronto un escritor que es agresivo con sus personajes, con el lector y es sarcástico, que se burla de la humanidad y sus rituales más serios.

 

—¿Un cambio drástico?

 

—Todo esto es parte de esta transición que va del Peláez a Tario. Pensemos que son dos: por un lado está el Francisco Peláez Vega, un hombre que fue deportista y se le conocía en las canchas como El elegante Peláez. Antes, fue el niño que aprendió a tocar el piano y que de joven se casa con una mujer muy guapa, en 1935: Carmen Farell Cubillas, hermana del político Arsenio. Tienen dos hijos, se aficiona al cine y en Acapulco pone dos salas: el Cine  Río y el Cine Rojo. Un tiempo después tiene que salir de Acapulco y de México, aparentemente por amenazas de los distribuidores cinematográficos. Es probable que William Jenkins, quien controlaba la industria cinematográfica, tal vez lo haya intimidado. Por eso, en 1967 se autoexilia en España, donde vive sus últimos años y donde muere en 1977.

 

EL LITERATO. Alejandro Toledo señala que la otra cara es la del escritor, ése que comienza a publicar en 1943,  con un libro realmente insólito. “Ahora, revisando sus libros, me encontré que él compró la primera edición de la literatura fantástica de Jorge Luis Borges, Bioy Cázares y Silvina Ocampo, que es una antología muy importante en la historia literaria, prácticamente ahí empieza una transformación de las letras y muchos autores del Boom  se educaron con ese libro.

 

—¿De ahí viene su vena por lo fantástico?

 

—Tario fue uno de los primeros lectores en México de la antología, y se volvió precursor, en el país, de este tipo de literatura cuando publica La noche. Luego vendría un libro fragmentario que no tiene igual que se llama Equinoxio, en el cual intenta la escritura romántica, y luego la novela existencialista La puerta en el muro, un texto que es como una declaración de amor a Acapulco.

 

Después, saldría Tapioca Inn: mansión para fantasmas y tras 10 años de silencio publica Una violeta de más, en 1968. Después  se dedicó, aparentemente, a esperar la muerte. Era como un viudo triste y no le preocupó volver a publicar ni qué pasaba con Tario en la historia literaria de México.

 

En ese periodo oscuro escribe una novela que se llama El jardín secreto y hace unos dibujos eróticos que aún permanecen inéditos. Estamos viendo la manera de publicarlos. Hay el proyecto de editarlos. Queremos hacerlo y podría ser en la editorial La cabra.

 

En éstos hay un espíritu burlón que sobrevive en su etapa de viudez y exilio, aun cuando está el suicidio literario. Son como 200 dibujos que realizó después de la muerte de Carmen. Otro proyecto es hacer un CD. Él grababa en discos lo que tocaba en piano o las conversaciones con otros  escritores en su casa.

 

Hay acetatos en los que él toca el piano y destacan sus interpretaciones a los Nocturnos de Chopin. También hay una especie de radioteatros caseros y las voces de Octavio Paz,  a quien le hace leer un poema que le dedicó a su hija Helena Paz. También está la voz de Helena Garro. Son los finales de los treinta, comienzos de los cuarenta del siglo pasado y están en tres horas de grabación. Es probablemente la primera vez que Octavio Paz grabó su voz.

 

Ésta es una aproximación a lo que es Tario, un hombre cuya vida fue tranquila, pero atormentada en lo literario. Un francotirador de las letras, como lo definía José Luis Martínez, y por otro lado un padre de familia responsable.