El arqueólogo Eduardo Matos anuncia que entre julio y agosto se abrirán al público . Traza la ruta de hallazgos desde la Coyolxauhqui hasta el recién descubierto templo a Ehécatl, atrás del hotel Catedral

 

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma trazó la ruta de los hallazgos arqueológicos durante los 39 años que tiene el Proyecto Templo Mayor y anunció que entre julio y agosto se abrirá la nueva entrada de esta zona, con la cual se podrá visitar el Cuauhxicalco, edificio donde se excava en su interior para saber sí ahí están los restos incinerados de varios gobernantes mexicas, como lo señalan las crónicas de  Fray Diego Durán y Hernando Alvarado Tezozómoc .

 

Son casi 40 años de trabajos de salvamento que comenzaron el 21 de febrero de 1978, cuando obreros de la hoy extinta Compañía de Luz y Fuerza localizaron la escultura monumental de Coyolxauhqui,  en la esquina de Guatemala y Argentina. Fue el primero de los muchos descubrimientos y, entre los más importantes, están las ampliaciones del Templo Mayor, la Casa de las Águilas, el Cuauhxicalco, el Calmecac y la Tlatecuhtli, el monolito de la diosa de la Tierra, y más de 180 ofrendas.

 

Al dictar su conferencia magistral  Hallazgos recientes en el Templo Mayor,  presentada en El Colegio Nacional en el marco del Festival del Centro Histórico, el investigación emérito del INAH recodó que todo este trabajo de salvamento de los vestigios mexicas tuvo una acción fundamental: “Cuando los obreros de la Compañía de Luz y Fuerza se toparon con una gran piedra que les impedía seguir con su trabajo de cableado, no la destruyeron con sus herramientas. Era la madrugada de ese día y estaban cansados, pero  tuvieron la visión de llamar al INAH. Entonces, el instituto mandó a dos pasantes que reconocieron la importancia de la escultura y se detuvieron los trabajos. Fue una buena decisión”.

 

El hallazgo de la Coyolxauhqui cambió el proyecto que tenía el INAH para crear el Museo de Tenochtitlan, el cual con el hallazgo se transforma en el Proyecto Templo Mayor, que inició el 20 de marzo de ese año, y Eduardo Matos Moctezuma fue su fundador. La zona arqueológica tiene un área de 1.2 hectáreas y el edificio más importante de Tenochtitlan era el dedicado a Huitzilopochtli, dios solar de la guerra, y a Tláloc, el dios de la lluvia.

 

RUTA. Eduardo Matos Moctezuma cuenta que las primeras excavaciones se realizaron de 1978 a 1981, años en los que los descubrimientos fueron excepcionales y “pusieron a la vista las siete etapas de construcción del principal edificio mexica que tenía entre 45 y 50 metros de altura y 82 en cada uno de sus lados”. En 1325 se funda Tenochtitlán, por lo que la etapa  II corresponde a 1390;  la III a partir de 1431; la IV y IVa desde 1454; la IVb en 1469;  la V inicia en 1482; la VI comienza en 1486 y la VII es  a partir de1502.

 

“El Templo Mayor era el centro del Universo para los mexicas, porque era el lugar donde podían subir las fuerzas hacia los niveles celestes o bajar al inframundo”, agrega Matos Moctezuma.

 

Y su edificio más antiguo corresponde al año de 1390, de acuerdo a los trabajos realizados. Es la segunda etapa de construcción del templo, “hallamos una piedra de sacrificios frente al altar a Huitzilopochtli, un Chac mool frente al adoratorio a Tláloc, una serie de ofrendas y una urna con huesos quemados, los cuales por su ubicación, podrían ser los restos de alguno de los primeros tlatoanis.

 

En otra etapa, que inicia en 1431 y corresponde al tiempo en que Tenochtitlan se libera de Azcapotzalco, gobernado por Tezozomoc, “podemos observar el agrandamiento del templo. Es el tiempo en que Itzcóatl liberó a su pueblo de los tepanecas”.

 

Los equipos siguieron sus trabajos, agrega Matos Moctezuma. “Ya es la época de Axayáctal, donde hay enormes serpientes de más de seis metros de largo, además de pequeños altares en la fachada principal con sapos encima. En las paredes laterales, hay altares con la cabeza de serpiente y a los lados sahumadores donde se ponía copal. Era un edificio protegido por serpientes”.

 

Otros hallazgos, explica, es un edificio al norte del Templo Mayor cubierto con esculturas de cráneos, “y no es extraña su ubicación porque al norte es el rumbo de la muerte, el Mictlampa”. También fueron descubiertos los llamados Edificios rojos y el de Las Águilas. Esto es parte de la etapa VI y se construyó en el gobierno de Ahuízotl. Después seguiría la etapa VII, con Moctezuma II”.

 

Para 1991, recuerda, se creó el Programa de Arqueología Urbana (PAU),  con el cual se hicieron excavaciones bajo la Catedral y El Sagrario. “En el subsuelo de la Catedral hay edificios monumentales y ofrendas con vasijas, tortugas policromadas y sahumerios”.

 

Ya en el siglo XXI, dice, con el PAU en 2006, el 2 de octubre, “se encontró una piedra de cuatro metros por lado: ¡era la representación de la diosa Tlatecuhtli!”.

 

En el Centro Cultural España se descubrió el Calmecac y uno de los últimos hallazgos es el edificio Cuauhxicalco, en el Templo Mayor, decorado con cabezas de serpientes y con 16 metros de diámetro, “porque según señalan las fuentes históricas, ahí se enterraron algunos de los principales gobernantes mexicas, como Tizoc, Axayácatl y quizás Ahuízotl. Serían sus huesos quemados, porque a los tlatoanis se les incineraba”.

 

Otro de los descubrimientos importantes es el templo dedicado a Ehécatl, ubicado atrás del hotel Catedral y que al menos tiene 4 metros de altura. “También están una plataforma y un juego de pelota y un tzompantli”, del cual Crónica adelantó el pasado  31 de enero su descubrimiento.

 

OFRENDAS. Durante estos 39 años, indica Matos Moctezuma, se han encontrado más de 180 ofrendas, las cuales  tienen canoas con sus remos -en miniatura-, peces de concha nácar, huesos de felinos, corales marinos, cocodrilos, caracoles, serpientes, tortugas, aves, máscaras… y una especial es la ofrenda 122, la cual contiene telas de algodón, adornadas con plumas de ave,  una pieza de papel amate decorada con un rostro y un pectoral con siete deidades. “La ofrenda era el atavío de un sacerdote del dios del agua, Tláloc”.