Hernán Cortés pudo analizar si debía quedarse o irse, dice el historiador Salvador Rueda Smithers. La partida de los españoles fue por consejo de un astrólogo: Guilhem Olivier

 

“La Noche Triste es el trasbordo de la historia, es el hecho definitivo de la Conquista donde Hernán Cortés pudo sopesar perfectamente bien lo que valían sus alianzas, si se tenía que ir o quedar, y por el otro lado, los mexicas hicieron el recuento del primer estrago de guerra y después, el que les dejaría la viruela”, señaló el historiador Salvador Rueda Smithers, durante el conversatorio virtual A 500 años de la Noche Triste.

 

En el evento organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) también participó Guilhem Olivier, historiador de la UNAM, quien explicó que la decisión de los españoles de huir de México-Tenochtitlan —después del asedio mexica tras la matanza del Templo Mayor y la muerte del tlatoani Moctezuma II— se debió por un astrólogo.

 

“Entre el ejército español hay un personaje destacado que se llama Blas Botello de Puerto Plata, un astrólogo, incluso algunos cronistas lo llaman hechicero. Es alguien que había predicho a Cortés su victoria sobre Narváez, entonces tiene mucho crédito entre los españoles. En las cortes europeas era común tener un astrólogo a quien consultar para decisiones importantes”, detalló.

 

El investigador comentó que cuando los españoles estaban sitiados en Tenochtitlan, Botello dijo que tenían que salir la noche del 30 de junio, de lo contrario todos morirían.

 

“Hay varios elementos que nos permiten pensar que Cortés sí le hizo caso a Botello para elegir el día y la hora de salida, todo eso en función de cómo estaba el cielo, es decir, las estrellas. Este elemento jugó un papel en salir ese día”, dijo.

 

Los españoles salieron de noche por la calzada de Tacuba porque era la más cercana al Palacio de Axayácatl, lugar donde estaba alojados los peninsulares.

 

“Se llevaron más oro del que podían cargar, entonces te hace suponer que no pensaban en regresar, es decir, a la hora de romper el sitio no calculaban regresar con sus aliados y sitiar Tenochtitlan. Otra fuente menciona que cuando Cortés hizo el recuento de los hombres que le quedaron, notó que sobrevivió el carpintero que podía hacerles barcos y es ahí que empezó a pensar en quedarse en Tlaxcala y regresar a conquistar”, opinó.

 

Sobre el oro, el arqueólogo y Premio Crónica, Eduardo Matos Moctezuma, explicó que el oro, antes de partir, fue fundido por orfebres de Azcapotzalco. El resultado fue un tejo de oro.

 

“Éste no logró salir y la arqueología nos lo demostró. El tejo se encontró en marzo de 1981, del lado norte de la Alameda Central, por equipo del INAH y un análisis definitivo se logró con Leonardo López Luján y José Luis Ruvalcaba, quienes pudieron ver que el 70 por ciento corresponde a oro, una cantidad inferior a plata y otra mínima a cobre. Es el único testigo de lo que ocurrió esa noche”, afirmó.

 

Rueda Smithers agregó que ninguno de los cronistas menciona la existencia de un árbol sobre el que llorara Cortés, algunos refieren a que se sentó sobre una piedra o un basamento.

 

“¿Por qué se piensa en el árbol? La mención de que existe el Árbol de la Noche Triste, la más firme es de 1871 cuando lo están cercando, es decir, cuando ya se le reconocía como el árbol donde había llorado Cortés. Esto es una leyenda popular, ¿cuándo surge? no lo podemos saber”, indicó.

 

El historiador detalló que a los pocos meses de la muerte de Benito Juárez, al árbol ubicado en Popotla ya se mencionaba como el Árbol de la Noche Triste. “En ese momento es clave para la vida heroica de México porque estás rechazando a un invasor, para esa época era un símbolo muy importante. Se sigue esa leyenda hasta los libros de texto gratuito”, dijo.