Luis Fernando Lara presenta la segunda edición en línea del DEM, el cual, dice, muestra que tenemos una lengua viva y vigorosa, tanto en el ámbito culto como en los dichos populares 2 Tiene 32 mil 650 vocablos y 90 mil acepciones. "Todas las palabras o construcciones tienen su base en la metáfora”.

 

El Diccionario del Español de México tiene más de 100 mil ejemplos, dice Luis Fernando Lara.

 

El Diccionario del Español de México (DEM) muestra esa potente y rica cultura que tenemos y esta segunda edición “busca devolverle a todos los mexicanos su propia lengua, mostrársela tal como la usamos con todos esos matices que hacen subyugantes todas sus palabras”, dice el lingüista Luis Fernando Lara.

 

En entrevista, el investigador y catedrático de El Colegio de México habla de esta segunda edición, sólo en línea en el portal http://dem.colmex.mx, cuya descarga es gratuita y, además de los 32,650 vocablos —20 mil más que la edición anterior del 2012—, 90 mil acepciones y unos 100 mil ejemplos, ofrece otras secciones sobre cómo conjugar verbos, el uso de los tiempos verbales y las reglas de ortografía y puntuación.

 

En el español mexicano, dice, todas las palabras son muy interesantes, sobre todo porque “nos vamos dando cuenta de muchos matices de significado que tiene el español entre nosotros y que son relativamente diferentes a los que pueden tener en España o toda Hispanoamérica”.

 

Para los españoles, pone como ejemplo, la palabra fallo se usa tanto para la decisión de un jurado como para el momento en que una máquina no hace bien su trabajo. “Los mexicanos diferenciamos entre fallo y falla: fallo para la decisión del jurado y falla es para la máquina. Una pequeña diferencia importante”.

 

En México, añade, decimos “voy por el pan”, mientras que en España dicen: “voy a por el pan”, lo que muestra que hay muchas diferencias en la manera de hablar español entre todos los países de Hispanoamérica y lo que hace este Diccionario del Español de México es registrar nuestros verdaderos usos.

 

Cuenta que la edición anterior —impresa—, salió en 2010, y en el año 2012, la primera edición en línea. “Ahora lanzamos la segunda edición en línea porque no tenemos dinero para imprimirla. En el momento en que consigamos los recursos, haremos la versión impresa. Pero esta segunda edición es amplia y mejor que la primera porque se le añadieron cerca de 10 mil vocablos”.

 

— Toda esta riqueza de lenguaje que tiene esta nueva edición, ¿qué nos dice de los mexicanos?

 

— Lo que muestra es que tenemos una lengua viva y vigorosa, tanto en el ámbito culto como en los dichos populares. En general, a la gente le gusta mucho encontrar en el diccionario los usos populares. Por esto, hemos hecho todo el esfuerzo posible para revelarlos de la manera más fidedigna e introducir muchos ejemplos que tengan esa riqueza de uso popular.

 

— Y quien busque en el Diccionario lo popular, lo va a encontrar y le dará gusto, y una de las ventajas que tiene el portal del diccionario, es la búsqueda avanzada. Ahí se puede solicitar qué palabras están incluidas con la marca de popular y aparece una larga lista. Lo mismo le sirve para buscar qué palabras están incluidas con la marca biología, etcétera.

 

En el Diccionario, añade, tenemos, además, varias tablas. “Una es para la conjugación de los verbos, tanto regulares como irregulares, y los significados de los tiempos verbales. Hay otra sobre ortografía y puntuación, una más donde están las abreviaturas que se utilizaron en el diccionario, otra de gentilicios de las capitales de la República, una más de la escritura de los números ordinales, cardinales y partitivos; además se integrará una tabla de sufijos y prefijos, la cual será muy útil para los estudiantes de preparatoria en sus cursos de raíces griegas y latinas, lo mismo para científicos que de pronto quieren inventar palabras para lo que están haciendo.

 

 

 

Luis Fernando Lara agrega que se tiene una sección que se llama Preguntas al DEM, y “donde la gente nos puede escribir. Y lo hace diariamente para consultarnos con precisión sobre alguna palabra o proponernos variaciones de alguna. El argumento que usan, en ocasiones, es que en su tierra se dice de una forma y no como la que tenemos. Incluso, hay quien inventa una palabra y espera que la integremos al diccionario. Esto no lo hacemos si no comprobamos previamente su cuño social, porque la palabra es como la moneda y para que funcione debe tener su cuño social. Generalmente respondemos las preguntas en uno o varios minutos, pero cuando es un cuestionamiento difícil, tardamos algunos días. Hay mucha comunicación con el público y espero que de esa manera podamos acercar el diccionario a sus dueños: todos los mexicanos”.

 

— ¿El DEM contiene nuestra riqueza e identidad, ahí está lo que somos como mexicanos?

 

— Exacto. El diccionario es para devolverle a todos los mexicanos su propia lengua, mostrársela tal como la usamos y darnos cuenta de esa potente y rica cultura que tenemos.

 

De todas las palabras que están en el diccionario, señala el lingüista e integrante de El Colegio Nacional, “todas me llaman la atención. Muchas veces me preguntan cuál es la palabra que más me gusta, y mi respuesta es: me gustan todas. Cada una tiene su chiste, entonces hay algunas muy atractivas y pintorescas como achicopalar, chipichipi o pepenar: pero también hay muchas construcciones como ‘lloverle a uno en su milpita’. Esto ejemplifica que el español mexicano tiene una riqueza maravillosa”.

 

Porque todas estas palabras o construcciones, añade, tienen su base en la metáfora y “creo que la metáfora es nuestro mejor instrumento de conocimiento, que hasta los mismos científicos la utilizan cuando se trata de nuevos descubrimientos o inventos”.