“Hay que pensar en la solidaridad, en el cuidado, en la fraternidad, como un conjunto de individuos que se apoyan entre sí para sobrevivir pensando en el bien común. Pienso que es algo que falta afianzar y fortalecer, eso es lo que podría ayudarnos a sobrevivir, sobre todo en retos que van más allá de la política e ideologías”, señala el escritor.

 

Alberto Chimal presenta su novela La noche en la zona M, donde narra cómo la Ciudad de México ­está devastada por la contaminación.

 

Las catástrofes por cambio climático no llegan de un día para otro y la supervivencia de las personas en escenarios siniestros no es un logro individual, sino colectivo, señala en entrevista Alberto Chimal (México, 1970) a propósito de su novela La noche en la zona M, en la cual narra cómo la Ciudad de México está devastada por la contaminación y de la cual busca salir Sita, adolescente que vive con su abuela Lucina y Celeste, una especie de holograma almacenada en una computadora.

 

“La premisa de esta novela nace de preocupaciones y sucesos reales que por desgracia estamos atestiguando: el exceso de emisiones de contaminantes. El cien por ciento de los científicos está de acuerdo en que las evidencias del aumento de temperatura de la atmósfera pueden ser catastróficas y aunque es un fenómeno lento y estamos observamos pruebas de resistencia, sucede el derretimiento del hielo en el Ártico y la recurrencia de tormentas tropicales agresivas”, señala Chimal.

 

Lo que se está tratando alrededor de dichos temas ambientales es anticipar posibles consecuencias, añade el autor.

 

“Una de las más inquietantes son las masas de poblaciones desplazadas porque su región es un lugar inhabitable, desde islas que se inundan hasta tierras en las que ya no se puede cultivar. Eso podría generar guerras o conflictos peores de los que ahora tenemos y peor aún si llega junto con al alza del fascismo o xenofobia que estamos viendo en diferentes partes del mundo con los nacionalismos extremistas”, opina.

 

La novela de Chimal, editada por el Fondo de Cultura Económica (FCE), se ubica en el siglo XXII y el mundo está dividido en reinos que mantienen murallas donde no pueden entrar los que viven en zonas de desastre.

“El giro que traté de darle a la novela fue crear una narración centrada en México, en circunstancias que nos resultaran cercanas, porque la mayor parte de las historias de catástrofes están hechas en Estados Unidos y tratan de problemas de primer mundo, por ejemplo, los personajes sufren porque no tienen sus 200 canales de televisión o agua corriente todos los días, pero aquí en el país, por desgracia, sufrimos falta de agua con frecuencia. Tampoco es una circunstancia igual porque no tenemos los recursos económicos que ellos tienen”, indica.

 

Chimal habla en el libro de Aquellos, es decir, las personas que tienen una favorable condición de vida ante la catástrofe y por tanto, actúan bajo la premisa de “cuida lo que tienes y resérvalo para ti”.

 

“Las historias convencionales de catástrofes acaban siendo fantasías de poder en las cuales un individuo que se sentía aprisionado o asfixiado por una vida común y rutinaria, de pronto se le cae el mundo alrededor, encuentra la libertad y se convierte en un héroe. Eso en el fondo es una fantasía puritana de individualismo, porque subyace la idea de que una persona puede sobrevivir sola”, comenta.

 

 

 

En opinión del autor, los seres humanos deben sobrevivir en comunidad.

 

“Hay que pensar en la solidaridad, en el cuidado, en la fraternidad, como un conjunto de individuos que se apoyan entre sí para sobrevivir pensando en el bien común. Pienso que es algo que falta afianzar y fortalecer, eso es lo que podría ayudarnos a sobrevivir, sobre todo en retos que van más allá de la política e ideologías y que nos comprometen como especie, por ejemplo, en cuestiones de calentamiento global”, expresa.

 

La trama de La noche en la zona M se va contando de manera retrospectiva, es decir, el Día Cero ya sucedió, entonces Chimal narra en cada capítulo cómo la Ciudad de México llegó a ese punto, mismo que es acompañado de los recuerdos de la abuela, quien habla de las antigüedades y de la memoria.

 

“Partí de la idea de imaginarme una catástrofe lenta, como realmente son, llega un punto de quiebre que estuvo sucediendo desde antes y para eso el personaje de la abuela me resulta crucial. Ella fue testigo del acontecimiento y se convierte en depositaria del conocimiento del pasado”, comenta.

 

El autor detalla que, para la supervivencia, el pasado resulta imprescindible. “No porque sea posible regresar a una especie de pasado, sino porque la memoria nos permite aprender de nuestros errores, tener una continuidad que va más allá de nuestras propias vidas”, señala.