Escritora. Tenemos la apropiación del cuerpo de la mujer que persiste bajo diferentes formas: acoso sexual, violación, feminicidios; todo eso continúa, incluyendo, en el espíritu de las mujeres, una especie de reconocimiento del poder masculino y eso lo veo en todas las instituciones, sean literarias, políticas y económicas, dice Annie Ernaux, ganadora del Premio Formentor 2019

 

La escritora Annie Ernaux (Normandía, Francia, 1940), ganadora del Premio Formentor 2019, considera que la vergüenza por tener un origen humilde es algo que las personas experimentan cada que se enfrentan a una desigualdad; sin embargo, esa emoción nos hace más sensibles a las injusticias sociales o puede llevarnos al resentimiento. Así lo expresó en el marco de la 33 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

 

La autora de Memoria de chica, La mujer helada, La vergüenza y Los años fue reconocida por el jurado del Premio Formentor por sus más de cuatro décadas de trayectoria, por dar voz a las mujeres y por renunciar a los recursos que hermosean las imposturas de orden familiar y social.

 

“Estoy feliz de haber obtenido el Premio Formentor porque es un galardón que no se da por un solo libro, es un premio que se otorga por toda una trayectoria literaria y que en mi caso abarca varias décadas. Tengo la impresión de que es un premio con mucho más valor que cualquier otro. Por ende, estoy muy agradecida con Basilio Baltazar, mi traductora Lidia Vázquez y con mi editorial Cabaret Voltaire”, expresó la autora.

 

—La autobiografía es un género que renovó, ¿la autobiografía es una forma de salvar los recuerdos?

 

—Para mí no tiene un sentido clásico. En Francia vimos el nacimiento de la autobiografía en el siglo XVIII y a partir de entonces, hasta hace 30 o 40 años, se narraba la historia de alguien que contaba su propia vida, lo cual es una definición muy amplia en la que jamás me sentí reconocida.

 

 “La autobiografía se trata, desde luego, de tomar como materia aquello que he vivido, he pensado y he visto, pero la idea no es autocentrarme sino ver a través de mi vida los puntos comunes. Cuando se habla de lo universal yo no creo en ello, se trata de lo que yo comparto con otras personas. Jamás tuve la idea de escribir diciendo: empezaré con mi nacimiento para pasar a mi infancia”, responde.

 

—De joven tenía un diario, ¿mantiene ese hábito de escritura?

 

—Tengo un diario y llevo uno desde que tengo 16 años, pero no escribo de manera regular, hubo un periodo en el que estaba muy ocupada con mis hijos, con mi trabajo como maestra…en realidad escribía en mi diario cuando había conflictos en mi vida.

 

“Era un diario donde escribía mis conflictos con mi marido, mi mamá, mi familia política, era un diario en ese sentido muy íntimo. Después me encontré sola y mis hijos crecieron, mis condiciones de trabajo me permitieron más tiempo libre y fue hasta entonces que retomé mi diario personal”, señala.

 

La mayor motivación de Annie Ernaux para retomar esa escritura fueron sus experiencias amorosas, añadió. “Todo aquello que tenía que ver con mis experiencias sexuales, amorosas pero también mis dificultades para escribir. En mi diario íntimo no escribo todas mis investigaciones sobre la escritura”.

 

El diario es un complemento que ha permitido para varios de mis libros verificar la precisión de aquello que voy a escribir, agrega.

 

“Algo que tiene una importancia extrema para mí es la escritura de cada palabra, mientras que mi diario íntimo se escribe conforme se desliza mi pluma sobre el papel”.

 

—¿Qué tanto influyó Pierre Bourdieu en su personalidad de insumisión?

 

—Es evidente que Bourdieu fue importante para mí en los años 70, de cierta forma él me dio la autorización para escribir después de leer uno de sus primeros libros que se llama Los herederos. Es importante el Bourdieu que habló de la dominación masculina en la década de los 70 en Francia, pero mi sentimiento contra la dominación masculina no se lo debo a Bourdieu sino a mi propia experiencia en la década de los 70 con los movimientos de liberación femenina.

 

“Todavía continúa esa dominación masculina y se manifiesta de diferentes maneras. Tenemos la apropiación del cuerpo de la mujer que persiste bajo diferentes formas: acoso sexual, violación, feminicidios; todo eso continúa, incluyendo, en el espíritu de las mujeres, una especie de reconocimiento del poder masculino y eso lo veo en todas las instituciones sean literarias, políticas y económicas”.

 

—¿Por qué persiste la vergüenza hacia los orígenes humildes?

 

—Porque lo que cuenta en la vida son las primeras experiencias, el primer mundo que uno va creando y es ahí cuando se siente la vergüenza social —que se experimenta más en la época de la adolescencia—, que de alguna manera es fundamental y es parte de tu ser.

 

“Esa vergüenza se puede seguir experimentando en todo tipo de circunstancias, pero esa experiencia nos hace sensibles a la vergüenza de otros, a la diferencia social y nos coloca ante aquellos que son los más desheredados, es decir, nos hace más sensibles a las injusticias sociales y las injusticias sociales siempre nos llevan a resentimientos, a cólera…esta vergüenza es un motor finalmente”.