Labor. La etnomusicóloga estadunidense permaneció dos semanas en la Sierra Tarahumara donde convocó a los músicos indígenas para grabar sus danzas, la mayoría creadas a partir de sonajas y cantos, entre éstas, el ritual Yúmari y la danza del peyote

 

La Fonoteca Nacional ofrecerá hoy una sesión para escuchar las grabaciones de Henrietta Yurchenco.

 

Los sonidos de las danzas rituales y de los cantos populares que realizan los rarámuris de la Sierra Tarahumara se podrán escuchar hoy en la Fonoteca Nacional gracias al rescate y digitalización de 20 archivos sonoros, que en 1946, grabó la etnomusicóloga Henrietta Yurchenco (1916-2007) por encargo de la Secretaría de Educación Pública (SEP), la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y el Instituto Interamericano.

 

En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, este evento —que tendrá lugar a las 19:00 horas en la Sala Murray Schafer— busca poner a disposición el sonido de voces en peligro de desaparecer y hacer accesible un archivo con categoría de memoria del mundo por parte de la UNESCO.

 

Julio Delgado, jefe del Departamento de Restauración de Audio Digital, explica que el Fondo Henrietta Yurchenco es parte de la Colección del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (Cenidim) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que actualmente resguarda la Fonoteca Nacional.

 

“Las grabaciones que recuperamos las hizo Yurchenco entre 1944 y 1946, fue un proyecto tripartita financiado por la SEP, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y el Instituto Indigenista Interamericano. Yurchenco no sólo estuvo en la zona rarámuri también estuvo en Chiapas y Sonora con los seris y yaquis, fue un proyecto que duró tres años y ella iba acompañada del fotógrafo mexicano Agustín Maya”, detalló.

 

El experto señala que la estadunidense Henrietta Yunchenco fue a la Sierra Tarahumara con una grabadora de disco, por lo que los soportes originales se conservan en un disco plano de laca sobre aluminio.

 

Además de que esa tecnología es una de las más antiguas en cuanto a grabaciones, la importancia del acervo es que la experta demostró que los rarámuris sí tienen cantos populares.

 

“Henrietta comenta en sus memorias que a todos los lugares a donde fue, los mestizos le decían que los indígenas no cantaban, que hacían su música pero no hacían cantos. También platica que fue difícil llegar a la Sierra Tarahumara pero se dieron las condiciones para que estuviera en Guachochi, donde hizo una especie de centro de operaciones”, indica Delgado.

 

La etnomusicóloga permaneció dos semanas en la Sierra Tarahumara donde convocó a los músicos indígenas para grabar sus danzas, la mayoría creadas a partir de sonajas y cantos, entre éstos, el ritual Yúmari y la danza del peyote.

 

“Yurchenco escuchó la existencia de cantos populares sobre la cotidianeidad raramuri: comida, siembra y relaciones sociales. Entre los años 40 y 50 del siglo pasado en esa misma zona estuvo haciendo grabaciones el etnógrafo Carl Sofus Lumholtz quien grabó en cilindros de cera y no obtuvo los registros de Henrietta, sólo grabó las danzas rituales”, precisa.

 

Entonces, el trabajo de Yurchenco fue novedoso “porque se pensaba que no tenían ese tipo de cantos populares en su propia lengua; ella grabó a hombres, mujeres y niños”.

 

—¿Sólo tienen grabaciones de Henrietta sobre la expedición tarahumara?

 

—Henrietta donó a la Fonoteca todas sus grabaciones hechas en México. Regresó al país en distintas ocasiones, no todas fueron para hacer un registro sonoro, en algunas ocasiones impartió talleres para la parte formativa de nuevos investigadores. Ella se especializó en la región purépecha, parte del Istmo de Tehuantepec y sus primeras grabaciones fueron en Chiapas, Yucatán, Guatemala, Chihuahua y Sonora.

 

De esos archivos, agrega Julio Delgado, sólo restauraron los que corresponden a la Sierra Tarahumara, es decir, dos horas y media de registros sonoros.

 

“Cuando vas a trabajar a campo con las comunidades indígenas uno tiene que hacer labor de convencimiento para que te acepten y puedan realizar sus manifestaciones culturales frente a ti. Hay que tomar en cuenta que muchas de las grabaciones de Yurchenco son rituales especiales, por ejemplo, la danza del peyote que no está abierta a los mestizos, pero ella hizo una gran labor de convencimiento”, destaca.

 

Otro aspecto que resalta el experto es que la etnomusicóloga también se las ingenió para acceder a las comunidades indígenas.

 

“Para darle continuidad a su trabajo tenía que solicitar al entonces secretario de Educación, Manuel Gamio, que le asignara un fotógrafo y siempre solicitaba a Agustín Maya. A ambos no se les daba un financiamiento como tal, se les entregaba un viático y ellos debían conseguir el camión; en aquella época era difícil llegar a la zona serrana incluso en este momento aún lo es, pero en aquellos tiempos había un camión que pasaba cada diez días”, señala Delgado.

 

Por lo tanto, platica, aprovecharon la coyuntura de que en ese tiempo pasó una comitiva político-electoral, “se sumaron a ella para acceder a las comunidades y todo esto está reseñado en el libro de memorias de Yurchenco que se llama La vuelta al mundo en 80 años”.

 

 

 

► La restauración de las grabaciones de Henrietta Yurchenco se presentará hoy, 8 de agosto, a las 19:00 horas en la Fonoteca Nacional, ubicada en Francisco Sosa 383, Santa Catarina, Coyoacán, CDMX). Entrada libre.