Diálogo. El escritor y Premio Crónica anuncia el Ciclo Huehue, diálogos a través del tiempo, que se llevará a cabo en El Colegio Nacional los días 2, 16 y 30 de agosto. Los pueblos originarios tienen mucho que decir hacia nosotros, explicó

 

Los temas que se abordarán en el ciclo tienen que ver con la actualidad, tanto en el arte como en la política, dice Juan Villoro.

 

México es un país con muchas culturas originarias, pero desgraciadamente no hemos podido lograr que éstas formen parte de un mosaico social verdaderamente activo, además muchas de sus lenguas están en peligro de extinción. Y lo más grave es que los ciudadanos de estas culturas tienen poco apoyo para preservarlas, aseguró el escritor y Premio Crónica, Juan Villoro.

 

Es la reflexión del autor de El Testigo y quien anuncia del Ciclo Huehue, diálogos a través el tiempo, que se llevará a cabo en El Colegio Nacional los días 2, 16 y 30 de agosto, en el cual participarán, en la primera conferencia, Alfredo López Austin y Yásnaya Aguilar Gil. “Será un dialogo muy estimulante que parte de una idea que se le ocurrió a Mardonio Carballo, director de Culturas Populares y coorganizador del encuentro, quien pensó que debíamos imitar una costumbre de los pueblos originarios: considerar a la gente mayor no como personas que ya están jubiladas, sino como personas depositarias de sabiduría”.

 

Durante el ciclo, personas que ya poseen una trayectoria compartirán experiencias con quienes apenas se adentran en el mismo camino. La segunda mesa se realizará el 16 de agosto y abordará “El exilio español en México”, con las participaciones de Fernando Rodríguez Miaja, el exiliado más antiguo vivo, con 102 años, y Ángela Vázquez González, bisnieta del exilio. La tercera mesa será el 30 de agosto, donde el patólogo y Premio Crónica Ruy Pérez Tamayo y Claudia Morales, estudiante de medicina, dialogarán en torno a “Enfermedad, cuerpo, salud, bioética”.

 

“Se van a compartir experiencias de vida, sueños, frustraciones, estímulos, un poco de todo. Nos hace falta conocernos a través del tiempo en un diálogo intergeneracional. Una persona que ha vivido lo suficiente es un depósito de sabiduría, de cosas que ya han ocurrido y que puede comunicar a los demás”.

 

Los pueblos originarios tienen mucho que decir hacia nosotros, explicó el escritor. “Una de las cosas más importantes que puede aportar Yásnaga es la manera en que se toman decisiones comunitarias, con base en el diálogo. Tenemos que aprender a dialogar de otra manera y a establecer consensos de forma distinta”.

 

Toda la cultura surgió de una conversación. Una comunidad ve cualquier cosa, un hecho estético, un acontecimiento político, y entonces discute: vimos la película, ¿tú qué piensas? Una vez que todos hablaron, cada uno tiene ya otra opinión. Tu punto de vista pasa por los demás, no para forzarte a pensar lo mismo, sino para esclarecer tu propia opinión en el diálogo con los otros, agregó.

 

Sobre lo anterior, Juan Villoro señaló que es una mayéutica que nos hace falta en muchos escenarios. “Muchas veces tenemos una educación muy vertical, empezando por un patriarcado, un padre impositivo, seguido por  maestros autoritarios, continuando con el gallo del patio que impone su regla, o en el barrio, el trabajo, el sindicato, estamos  ante poderes verticales todo el tiempo. Ante esto, crear horizontalidades me parece decisivo y el diálogo es una forma de la horizontalidad porque es hablar con el otro para escuchar”.

 

Además, dice que en un buen diálogo, cuando termina la conversación, tú ya pensaste diferente, te influyó o mejoró tus propios argumentos aportando mayor lucidez y convicción. “El diálogo te ayuda a pensar mejor lo que ya pensabas y, muchas veces, te pone a prueba”.

 

Los temas que se abordarán en el ciclo tienen que ver con la actualidad, tanto en el arte como en la política y, como parte del diálogo,  se podrán generar iniciativas. “El Colegio Nacional es un lugar vivo y por lo tanto queremos que ayude a transformar un poco nuestra realidad. Ojalá que la gente se levante y diga ‘yo quiero participar en esto’ y el debate continúe de otra manera”.

 

La historia de las comunidades en México, desde la Conquista hasta nuestros días, es la de un despojo que no se ha frenado. Frenar esto implica mucha actividad y participación, para la cual se requiere de gente que no necesariamente esté adscrita a partidos políticos. La cultura ciudadana es una cultura política y creo que pueden surgir iniciativas que no sean de partidos políticos, aseguró Juan Villoro.

 

Lo que nos hace falta en esta sociedad polarizada, explicó, es el intercambio entre gente muy distinta en espacios de dialogo para generar redes ciudadanas, porque lo que este país necesita es ciudadanizar la política. “Nosotros que nos dedicamos al conocimiento y a la cultura podemos tratar de ciudadanizar, un poco, la política a contrapelo de muchas iniciativas oficiales, pero es importante que la gente se exprese sin tener necesariamente una participación partidista”.