Libro. El volumen reúne las 12 misivas que se entregaron el poeta Ivanov y el historiador Gershenzón, cuando vivieron en el mismo cuarto del Sanatorio para los Trabajadores Científicos y Literarios de la ex URSS. Analizan la inmortalidad, la permanencia de la Unión Soviética con Europa y la importancia o no de la cultura

 

Dos intelectuales rusos de principios del siglo XX intercambiaron cartas mientras vivieron en una misma habitación. En dichas misivas discutieron si la revolución era una oportunidad para despojarse de la retórica cultural y generar un hombre nuevo. Se trata del historiador M.O. Gershenzón (1869-1925) y del poeta V.I. Ivánov (1866-1949), autores a quienes el escritor mexicano Juan José Arreola tuvo el anhelo de editar y que hoy la editorial Jus cumple ese deseo con la publicación del libro: Correspondencia desde dos rincones de una habitación.

 

“El libro se había publicado en español en 1927, en un número de la Revista de Occidente, publicación mítica de filosofía y cultura, y me llegó por dos vías distintas, la primera fue una larga entrevista con Susan Sontag que publicó una editorial chilena, ella muy extrañamente menciona que es una de las mejores novelas de la historia”, cuenta el editor Juan Antonio Montiel.

 

Montiel señala que buscó las cartas y se dio cuenta que Sontag estaba en un error porque el libro era sólo una edición de misivas.

 

“Después de mucho buscar encontré una conversación entre Juan José Arreola y el crítico literario Antonio Alatorre. Resulta que Arreola le comentó a Alatorre en esa conversación —que está en las Obras completas de Juan José Arreola— que él leía la Revista de Occidente, entonces encontró alguna vez esta serie de cartas y le parecieron fascinantes”, narra.

 

Arreola, añade el editor, estuvo dispuesto a publicarlas y muchos años después en esa entrevista el autor de Bestiario le señala a Alatorre que ya estaba lista la portada del libro pero nunca se publicó.

 

“Arreola se refiere a estas cartas como correspondencia entre dos ángulos porque parece perden la noción de que están en el mismo cuarto”.

 

En palabras del editor, Ivánov fue un poeta importante en Europa a principios de siglo XX y Gershenzón es uno de los historiadores presoviéticos más famosos, pero estos nombres están casi olvidados “lo que no implica que no sean grandísimos autores que vale la pena recuperar, sobre todo, esta obra en particular”.

 

El intercambio epistolar de 12 cartas entre Gershenzón e Ivánov inició por azar en verano de 1920 en el Sanatorio para los Trabajadores Científicos y Literarios, cerca de Moscú. Mientras Gershenzón se encontraba fuera del cuarto, Ivánov le dejó una carta sobre la mesa que reflexionaba sobre la inmortalidad del hombre.

 

— ¿Por qué estaban en el Sanatorio para los Trabajadores Científicos y Literarios?

 

— Estaban voluntariamente ahí, y se trataba de una de las iniciativas del primer gobierno socialista de la Unión Soviética. Eran dos personas particularmente sensibles políticamente y activas en el contexto de la posguerra de la Revolución de Octubre, es decir, después de la Revolución Rusa.

 

“Efectivamente estaban en una especie sanatorio o casa de descanso, en ningún momento hablan de que haya algún tratamiento, tampoco mencionan enfermeros o que no puedan salir. Hasta donde he podido investigar es porque tienen una gran crisis. La Revolución fue una guerra tal que transformó la realidad”, responde.

 

HOMBRE NUEVO. Otra discusión que está presente en la correspondencia entre Gershenzón e Ivánov es si la Unión Soviética debería separarse de Europa.

 

“Eso es lo que propone Gershenzón, mientras que Ivánov dice que no, que deben permanecer en la cultura occidental. Es curioso mencionar que el destino de los dos estuvo marcado por esa posición. Gershenzón se quedó en la Unión Soviética y murió ahí alrededor de los años 30 del siglo XX, e Ivánov se fue a vivir a Italia y murió muchos años después en Europa.

 

— ¿Por qué la decisión de editar cartas y no sus obras?

 

— Me parece interesante que se rescaten conversaciones de este tipo entre otros autores con estos mismos temas o parecidos porque nosotros hemos perdido completamente la traducción del género epistolar, ya casi nadie escribe cartas. En realidad es un género interesante que nos permite localizar diálogos no publicados.

 

La actualidad del intercambio epistolar entre estos rusos, añade el editor, es la discusión sobre si las sociedades pueden alcanzar la libertad.

 

“En las cartas, Gershenzón está entusiasmado con la posibilidad revolucionaria, es decir, entiende que es una oportunidad única para dejar atrás los atavismos, el peso de la retórica cultural, de las grandes ideas y lanzarse a la experiencia de un hombre nuevo”, señala.

 

Este historiador sugiere que ha habido otras épocas en que los hombres ya se han despojado de la cultura o han podido permitir hablar sin tanto prejuicio y sin el peso ideológico. “Usa de ejemplo Dante porque sabe que en ese momento Ivánov está traduciendo La Divina Comedia”.

 

“Ivánov es un poeta simbolista y aunque la experiencia es importante para él, señala que un problema muy grave es que por más nuevo que sea este hombre que dice Gershenzón, tarde o temprano se volverá a convertir en un hombre viejo”, explica el editor.

 

En opinión de Ivánov, aunque renovemos toda la cultura, tarde o temprano volverá a parecer ésta como algo que oprime, que no deja pensar y que no te deja experimentar.

 

“Entonces dice que la única manera de ser hombre nuevo siempre es recuperar la idea de Dios. Esto es curioso y nosotros ya casi no entendemos en qué sentido debemos tener una idea de Dios, no sólo un dios personal, sino uno como la garantía de toda experiencia. Es decir, si tu confías en lo meramente humano como explica Gershenzón puedes empezar a dudar de la existencia misma del mundo; Ivánov tiene la posición desde la cual hay un ser que garantiza la posibilidad de la verdad”.