El escritor celebra sus 70 años de vida con la publicación de dos ensayos sobre la identidad nacional. Saber en qué momento la literatura española empezó a ser mexicana, es un gran desafío, añade.

 

"Evitemos pensar que la mexicanidad consiste en ser antiespañol, la mexicanidad consiste en tener una peculiar manera de la tradición hispánica que fue impuesta en este país", señala en entrevista el escritor Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948), quien, a propósito de sus 70 años publicó en el Fondo de Cultura Económica (FCE): De la carrera de la edad I. De ida y  De la carrera de la edad II. De regreso.

 

En estos dos tomos de ensayos, el también miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (AML) advierte que saber en qué momento la literatura española empezó a ser mexicana es un gran desafío, pero acepta que muchos rasgos de esa mexicanidad están presentes en la obra de Sor Juana Inés de la Cruz.

 

“Toda la cortesía mexicana: el abuso de diminutivos, no decir las cosas de manera frontal y directa, pedirlo todo por favor, decir ‘sería usted tan amable si no les es mucha molestia’, que contrasta tanto con la mentalidad española porque tienen un discurso más directo y fuerte, está muy presente en las diferencias entre Sor Juana Inés de la Cruz y Luis de Góngora”, indica.

 

 Por ejemplo, añade Celorio, los dos poetas pueden terminar un soneto con el mismo verso: es cadáver, es polvo, es sombra, es nada. Pero cuando lo dice Góngora ese soneto es brutal, es una ametralladora, en cambio, con Sor Juana es una sinuosidad porque empieza diciendo: éste que ves, engaño colorido, / que del arte ostentando los primores / con falsos silogismos de colores / es cauteloso engaño del sentido…

 

“Eso sí puede estribar una cierta caracterización mexicana, en un tono menor, más sumiso, discreto, más conceptual. Góngora es más visual, Sor Juana es más conceptual, es más inteligente sin lugar a dudas”, explica.

 

Esas características del lenguaje hicieron escuela y se pueden rastrear, asegura Celorio, en los poetas posteriores y en algunos poetas anteriores como Francisco de Terrazas, con quien se advierten rasgos de mexicanidad que posteriormente observaría Xavier Villaurrutia.

 

 “Los vio Villaurrutia cuando dice que la poesía mexicana se caracteriza por su discreción, propensión al silencio, por su meditación y su carácter melancólico, su reflexividad, su amor a la muerte, su gusto por la forma… por ahí va esa presunta mexicanidad”.

 

—¿La mexicanidad la estableció Sor Juana?

 

—Decía Alfonso Reyes que saber cuándo la literatura española empieza a ser mexicana en México era un enigma digno de Zenón de Elea. Es un tema terriblemente difícil porque en México hubo una conquista política seguida de una conquista espiritual.

 

“Es decir, se impusieron en estas colonias todos los valores propios de la cultura española, de la cultura dominante, se impuso le lengua, la religión, se impuso todo un repertorio de ideas y valores en que se sustentaba la cultura europea, muy particularmente, la cultura española”, responde.

 

Celorio señala que con frecuencia existe la idea de que hubo un mestizaje equilibrado que dio como resultado una fusión armónica, una identidad nacional, lo cual es erróneo.

 

“Eso nos gustaría que hubiera pasado, pero no fue así porque hubo un pueblo dominante y un pueblo dominado, porque hubo una imposición cultural y una cultura que quedó soterrada y sujeta a esa imposición”, enfatiza.

 

El mestizaje, añade, se dio en primer lugar entre hombres españoles y mujeres indígenas, no al revés.

 

“Hubo una cultura doblemente dominante en términos sexuales y culturales de manera tal que la cultura de la época colonial es una cultura española. Cuando se habla de México como país en la época de la colonia se está cometiendo un error histórico, la verdad es que México en ese imperio era una provincia”, indica.

 

Para el creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte, Sor Juana fue una escritora española con características indígenas como saber algo de náhuatl, pero toda su formación y pensamiento provienen de la cultura española dominante.

 

 “Si comparamos a Sor Juana con Góngora sí tiene una actitud más discreta, más cuidadosa y cuando alguien dice: es que era mujer, yo no pienso eso, no es un asunto de feminidad, creo que es porque era criolla y los criollos en el estamento de la época tienen una jerarquía inferior a los peninsulares como todavía en México los capitalinos tienen una ascendencia jerárquica estamental inconsciente sobre los provincianos”, explica.

 

Celorio añade que la Décima Musa, que el año pasado fue reconocida por decreto presidencial como personaje ilustre, es la persona más inteligente en la historia de México.

 

“Fue una mujer muy convencional, dos terceras partes de sus obras están escritas por encargo, lo que es una maravilla es que a pesar de una época tan oscurantista, tan dogmática, ser una mujer sin medios propios suficientes para sobrevivir y a pesar de su belleza, porque ése fue también un factor negativo, tuvo la inteligencia, convicción y solidez de renunciar a todo para escribir”, opina.

 

El editor enfatiza que Sor Juana no escribió por una vocación religiosa. “No es que se metiera primero al Convento de las Carmelitas y luego de las Jerónimas por una vocación religiosa sino porque en esa época no podías ser intelectual al margen de la Iglesia, es cómo ahora ser profesor al margen de la Universidad, no es posible ¿quién patrocina? no hay investigadores independientes en este país. En la época de la Colonia esa labor sólo se podía desempeñar a la par de la Iglesia, ¿a qué costo?: a la ortodoxia católica”, precisa.