Libro. Es una obra sobre la rebeldía e independencia ante la imposición de un mundo que no es tuyo. Tenemos al padre con una serie de valores cristianos que trata de imponer a la familia, de una manera muy violenta, arbitraria e intolerante, una moral puritana que no admite la más mínima desviación y entonces tenemos al hijo que se rebela ante eso, dice Juan Pablo Villalobos

 

La muerte del padre y con ésta el fin de autoritarismos, la libertad de las pasiones y el inicio de la individualidad, son algunos temas que aborda Labranza arcaica, novela de Raduan Nassar (Pindorama, 1935) —considerado el mejor escritor brasileño vivo—, la cual se encuentra traducida al español gracias al trabajo del mexicano Premio Herralde de Novela 2016, Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973).

 

Este libro editado por Sexto Piso y la primera obra de las tres únicas que ha escrito Nassar, narra la huida de André de su casa ubicada en una granja brasileña, sin embargo, el joven regresa para revelar quién ha sido su amor secreto durante los años en que su padre, en cada comida, les ofrecía sermones de cómo mantener unida a una familia.

 

—¿Cómo te llegó el proyecto de traducción?

 

—La editorial sabe que de alguna manera me he especializado en literatura brasileña y hace algunos años me buscaron para preguntarme qué pensaba de Raduan Nassar, les dije que desde mi opinión es el escritor brasileño vivo más importante unánimemente, es decir, en Brasil tiene un prestigio o aura indiscutible de clásico vivo.

 

“Les dije que sí me interesaba hacer la traducción de sus obras porque Sexto Piso firmó contrato para publicar los tres libros de Raduan Nassar, sus dos novelas (Un vaso de cólera y Labranza arcaica) y un libro de cuentos (La chica del camino) entonces me comprometí a hacer el trabajo. Ya están publicadas las dos novelas y están pendiente los cuentos”.

 

—¿El sello narrativo de Nassar es la brevedad y la tensión?

 

—La literatura de Raduan pasa toda por el lenguaje, por la exploración de la sintaxis y de un lenguaje como dice el título de Labranza arcaica: arcaico, que tiene que ver con el campo, la vida rural y con un tono bíblico como de sermón, a veces parece el Eclesiastés. Hay por supuesto un trabajo a nivel de lo visual y de las atmósferas, todo esto puesto en temas muy clásicos.

 

—Labranza arcaica es la parábola del hijo pródigo…

 

—La paternidad, la familia, la identidad, el tabú del incesto… hay una serie de temas muy fuertes, pero particularizados, matizados. Lo que hace única a la literatura de Nassar es el origen de su familia: son sirios-libaneses emigrados a Brasil, es una literatura de la inmigración, de cómo estas familias emigraron y se asentaron en Brasil, de cómo se adaptaron y se volvieron brasileños. Me gusta mucho el universo de la migración libanesa-siria en Brasil.

 

—¿Esta novela muestra los límites de la paciencia y el autoritarismo?

 

—Es una obra sobre la rebeldía e independencia ante la imposición de un mundo que no es tuyo. Tenemos al padre con una serie de valores cristianos que trata de imponer a la familia, de una manera muy violenta, arbitraria, intolerante, una moral puritana que no admite la más mínima desviación y entonces tenemos al hijo que se rebela ante eso, que huye de ese ambiente porque hay un secreto en la familia.

 

TRADICIÓN GRIEGA. Raduan Nassar estudió derecho y filosofía en la Universidad de Sao Paulo, debutó en la literatura en 1975 con la novela Labranza arcaica, tres años después publicó Un vaso de cólera y en 1997, La chica del camino. Con sólo estos tres libros, Nassar es comparado con Clarice Lispector y Joao Guimaraes Rosa.

 

Uno de los personajes de Labranza Arcaica, que fue llevada al cine en 2001, es el padre, que reitera cada que puede que una casa se mantiene en pie cuando sus integrantes veneran los lazos de sangre, que el mundo de las pasiones es el mundo del desequilibrio y que la felicidad sólo puede encontrarse en el seno de la familia.

 

“La novela tiene que ver con el gran tema de matar al padre, son temas muy clásicos: cómo construir una individualidad, un espacio de libertad, del yo en una familia que no te deja y que se concibe como una unidad porque ahí no hay un tú y yo, hay un nosotros; entonces, quien se salga de eso lo vamos a traer de vuelta, nadie se puede ir porque se rompe la unidad”, señala Juan Pablo Villalobos.

 

—¿Es una alusión a Edipo?

 

—Sí, tiene una carga muy fuerte de la tradición griega. La estructura de la novela es casi una tragedia. Hay un cierto aire fatalista con la idea de que el destino es algo de lo que no puedes escapar porque desde el inicio sospechas de que hay una amenaza y que acabará mal. Efectivamente hay un desenlace trágico.

 

—¿Es una novela que cuestiona los arquetipos?

 

—Labranza arcaica trabaja con arquetipos, con lo esencial del significado de ser humano. Lo arquetípico está en la cotidianeidad, es la paradoja de lo que parece más abstracto, pero al mismo tiempo es lo que se manifiesta en todos los detalles de lo cotidiano.

 

“En esta novela aparecen esas estructuras arquetípicas de las relaciones entre madre e hijo, padre e hijo, esa idea de necesidad de aniquilar al padre para poder construir una individualidad; todo el arquetipo de la madre protectora, de aquella que trata de mantener unida la familia y que suaviza la dureza del padre. El padre es como una lija y la madre es como una especie de máscara de textil suave que trata de hacer más tolerable la violencia del padre”, responde.