La publicación se puede consultar en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y será distribuida en bibliotecas universitarias. El códice es uno de los pocos calendarios de 260 días que existen en el mundo

 

El códice nahua Tonalámatl de Aubin salió del país de manera ilegal en 1841 cuando un viajero lo vendió al coleccionista francés Joseph Alexis Aubin, sin embargo, este documento calendárico que data del siglo XVII regresó a México en 1982. cuando el abogado José Luis Castañeda del Valle lo robó de la Biblioteca Nacional de Francia. Desde entonces, el códice se resguarda en el Museo Nacional de Antropología y ahora se podrá apreciar a través de la edición facsimilar hecha por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

“La historia de manera simplificada de este códice es que una persona fue a Francia, lo pidió prestado y lo trajo a México. Desconozco cómo se haya dado ese caso pero cuando llegó al país, hubo un problema entre México y Francia. Se decidió entregar el documento al gobierno mexicano y lo tenemos desde ese entonces en la biblioteca”, platica Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH).

 

—¿En qué condiciones se encuentra el códice?

 

—Lo tenemos resguardado con todas las condiciones que marca el canon respecto a temperatura, humedad y luz. Es un códice que aparte de estar en la bóveda, está en una caja fuerte y se resguarda con todas las obligaciones que tenemos con un documento de este tipo.

 

La historia del Tonalámatl de Aubin es polémica ya que los expertos no saben con certeza cuándo y dónde fue realizado, de acuerdo con el registro del INAH se sugiere que fue elaborado en Tlaxcala durante la época prehispánica o poco después de la Conquista y que perteneció al historiador Lorenzo Boturini, pero cuando éste fue expulsado de la Nueva España, a mediados de la década de 1740, quedó bajo resguardo de la Secretaría del Virreinato y de la Real y Pontificia Universidad de México.

 

Años siguientes, “estuvo en posesión de León y Gama y del viajero inglés Max Waldeck, quien en 1841 lo vendió a Aubin. Más tarde Eugène Goupil compró el códice y, tras su muerte, su viuda lo donó a la Biblioteca Nacional de Francia”, se lee en la ficha de registro del códice.

 

Aubin, comenta Brito Guadarrama, era un coleccionista muy importante que se llevó de México más de 100 documentos originales, los cuales ahora se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia.

 

El Códice Tonalámatl de Aubin estuvo en Francia hasta junio de 1982 cuando José Luis Castañeda del Valle, quien se presentó como abogado y periodista, solicitó en la Biblioteca Nacional de Francia que le mostraran el códice para fotografiarlo, pero ante la negativa del personal el mexicano tomó el documento histórico y lo sacó del recinto.

 

Cuando llegó al país, la Interpol lo detuvo y aunque el proceso por robo no procedió, el supuesto periodista decidió entregar el códice nahua a las autoridades mexicanas.

 

—¿Existe algún convenio con Francia sobre el destino de este códice?

 

—Desde hace algún tiempo hemos buscado un acuerdo con ellos, ya nos hemos entrevistado. En lo personal fui hace un año y medio a Francia y estamos a punto de lograr un acuerdo. El códice ya se expuso hace cuatro años en el Museo Nacional de Antropología y solicitamos al gobierno francés su anuencia para exhibirlo, lo cual fue resultado de un acercamiento con ellos.

 

“En esa ocasión (cuando sucedió la reunión en Francia) hablamos de un acuerdo cultural, el cual se signó hace cinco meses con la Secretaria de Cultura federal y la ministra de cultura de Francia”, responde.

 

—¿Ha regresado a Francia el códice?

 

—No. Nosotros tenemos la obligación de resguardarlo. Nosotros nada más lo tenemos en custodia y lo cuidamos con todo lo que debemos hacer.

 

—¿Francia ha hecho alguna recomendación al INAH?

 

—No nos han dicho nada al respecto. No se ha hablado nada. Siempre estaremos en la mejor disposición de cooperar y nuestra posición siempre ha sido de diálogos y acuerdos.

 

—¿No existe ningún rencor del gobierno francés hacia México?

 

—Creo que no. Lo mejor es hacer las cosas como se deben y nosotros, por supuesto, estamos en esa tesitura: tener como fundamento los diálogos y los acuerdos porque somos países amigos.

 

—¿Ha solicitado Francia hacer algún estudio al códice?

 

—El códice está digitalizado y cualquier persona en Francia puede apreciarlo. Pero no ha habido peticiones específicas de alguna imagen del códice.

 

CÓDICE CALENDÁRICO. El Códice Tonalámatl de Aubin está en formato biombo pintado en un solo lado y cada folio mide 31.5 por 22.5 centímetros; es un libro que da cuenta de los días y los destinos, en él se reproduce el tonalpohualli o ciclo calendárico de 260 días, lo que servía a los sacerdotes para conocer el destino de un recién nacido y la posibilidad de llevar a cabo diferentes rituales.

 

De acuerdo con el registro del INAH, en las láminas del documento se “representa un cuadro de mayor tamaño que contiene al dios patrono de la trecena del calendario ritual nahua, mientras que en recuadros pequeños se observan los días con sus numerales, los nueve señores de la noche, los 13 señores del día y las 13 aves”.

 

Baltazar Brito Guadarrama comenta que este códice es muy difícil en cuanto a su contenido por ser un calendario de la cuenta de los destinos.

 

“Es muy difícil en cuanto a su explicación, porque debemos de recordar que todos los especialistas en el tiempo y que conocían este tipo de manuscritos fueron perseguidos por los frailes. La gran mayoría no nos dejó información sobre el contenido de estos importantes libros porque eran considerados herejes y la gran mayoría de documentos fueron quemados”, destaca.

 

La importancia de este códice, añade, es que se trata de unos de los pocos calendarios de 260 días que existen en el mundo, por lo menos casi completo. “Le faltan dos hojas que fueron reconstruidas por un especialista en el siglo XVIII, llamado Antonio de León y Gama”.

 

Sobre su uso como texto devocional y ritual para la celebración de festividades, el director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) explica cómo es que sirvió de base para las predicciones astrológicas de la carta natal.

 

“Decía Fray Bernardino de Sahagún que aquellas personas que nacían en el día dos conejo su destino sería ser borrachos, entonces imagínense qué significaba eso: un gran problema. Los papás muy preocupados iban con el especialista que se llamaba tonalpouhque, el que leía la cuenta de los destinos”, detalla.

 

Entonces —continúa Brito Guadarrama— “le decían al señor sacerdote que no era posible que la vida de un niño fuera infausta, él les respondía que no se preocuparan porque buscarían un momento idóneo para llevar a cabo una especie de ritual por el cual le pondrían un nombre para tratar de equilibrar su destino”.

 

PUBLICA FASCÍMIL. Con papel amate fabricado en Puebla y con la obtención de colores como en tiempos coloniales, el INAH publicó la edición facsímil del códice nahua Tonalámatl de Aubin, que en las próximas semanas será distribuida a todas las bibliotecas universitarias, por el momento se puede consultar en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

 

“Era importante obtener y representar la materialidad del objeto per se en que el códice fue hecho, en ese sentido, no sólo estamos recuperando en el sentido gráfico, la materialidad de lo representado, también estamos recuperando técnicas artesanales muy importantes”, destaca la editora Vania Ramírez.

 

La edición facsimilar, agrega, está hecha en papel amate y por artesanos de San Pablito, en Pahuatlán, estado de Puebla.

 

“Estamos muy contentos de poder activar con este tipo de proyectos actividades de recuperación del patrimonio inmaterial de los pueblos indígenas. Actualmente en San Pablito, el papel amate ya no se hace con técnicas artesanales, ya hay químicos involucrados dentro de los procesos, por eso los códices de México los podemos tener todavía en muy buen estado porque el material con que fueron hechos no actuaban químicos alrededor del papel”, indica.

 

Vania Ramírez explica que para la fabricación del facsímil se recuperaron los procesos artesanales, es decir, se evitó el uso de químicos y para eliminar la degradación del papel, utilizaron cal, como antiguamente se hacía.

 

“Fue un trabajo enorme, exhaustivo y estoy profundamente agradecida con todos los artesanos porque para hacer cada una de las hojas de los códices tardamos un día. El proceso fue de desde cortar las cortezas de los árboles, cocerlas, machacarlas, dejarlas secar… y todo fue hecho a mano”, comenta.